Existen las sirenas fotos reales

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Acerca de la inmigración en el estrecho de Gibraltar

Que tire la primera piedra quien nunca haya tenido manchas de emigración en su árbol genealógico... Así como en la fábula del lobo malo que acusaba al inocente cordero de enturbiar el agua del arroyo de donde ambos bebían, si tú no emigraste, emigró tu padre, y si tu padre no necesitó mudar de sitio fue porque tu abuelo, antes, no tuvo otro remedio que ir, cargando la vida sobre la espalda, en busca de la comida que su propia tierra le negaba. Muchos portugueses (¿y cuántos españoles?) murieron ahogados en el río Bidasoa cuando, noche oscura, intentaban alcanzar a nado la otra orilla, donde se decía que el paraíso de Francia comenzaba. Centenas de millares de portugueses (¿y cuántos españoles?) tuvieron que adentrarse en la llamada culta y civilizada Europa de allá de los Pirineos, en condiciones de trabajo infame y salarios indignos. Los que consiguieron soportar las violencias de siempre y las nuevas privaciones, los supervivientes, desorientados en medio de sociedades que los despreciaban y humillaban, perdidos en idiomas que no podían entender, fueron poco a poco construyendo, con renuncias y sacrificios casi heroicos, moneda a moneda, céntimo a céntimo, el futuro de sus descendientes. Algunos de esos hombres, algunas de esas mujeres no perdieron ni quisieron perder la memoria del tiempo en que padecieron todos los vejámenes del trabajo mal pagado y todas las amarguras del aislamiento social. Gracias sinceras les sean dadas por haber sido capaces de preservar el respeto que debían a su pasado. Otros muchos, la mayoría, cortaron los puentes que los unían a aquellas horas sombrías, se avergonzaron de haber sido ignorantes, pobres, a veces miserables, se comportaron como si la vida decente, para ellos, sólo hubiera comenzado verdaderamente y por fin el día felicísimo en que pudieron comprar su propio automóvil. Esos son los que estarán siempre dispuestos a tratar con idéntica crueldad e idéntico desprecio a los emigrantes que atraviesan ese otro Bidasoa más largo y más hondo que es el Estrecho de Gibraltar, donde los ahogados abundan y sirven de pasto a los peces, si la marea y el viento no prefirieron empujarlos a la playa, hasta que la guardia civil aparezca y se los lleve. A los supervivientes de los nuevos naufragios, a los que pusieron pie en tierra y no fueron expulsados, les espera el eterno calvario de la explotación, de la intolerancia, del racismo, del odio a la piel, de la sospecha, del envilecimiento moral. Aquel que antes fue explotado y perdió la memoria de haberlo sido, acabará explotando a otro. Aquel que antes fue despreciado y finge haberlo olvidado, refinará su propia capacidad de despreciar. Aquel a quien ayer humillaron, humillará hoy con más rencor. Y helos aquí, todos juntos, tirándole piedras a quien llega hasta esta orilla del Bidasoa, como si ellos nunca hubieran emigrado, o los padres, o los abuelos, como si nunca hubieran sufrido de hambre y desesperación, de angustia y de miedo. En verdad, en verdad os digo, hay ciertas maneras de ser feliz que son simplemente odiosas.

José Saramago     Portugal, 1922
Premio Nobel de Literatura 1998

 

 

¡Adiós Fanny!

De Simón Bolívar a su prima Fanny. Ella fue su novia cuando él tenía 20 años. Esta carta la escribió El Libertador, en su lecho de enfermo, Santa Marta, Colombia, el 6 de diciembre de 1.830
Falleció once días más tarde.

Querida prima:

¿Te extraña que piense en ti al borde del sepulcro? Ha llegado la última aurora: tengo al frente el mar Caribe, azul y plata, agitado como mi alma, por grandes tempestades; a mi espalda se alza el macizo gigantesco de la sierra con sus viejos picos coronados de nieve impoluta como nuestros ensueños de 1.805; por sobre mí, el cielo más bello de América, la más hermosa sinfonía de colores, el más grandioso derroche de luz...

Tú estás conmigo, porque todos me abandonan; conmigo en los postreros latidos de la vida, en las últimas fulguraciones de la conciencia. ¡Adiós Fanny!

Esta carta llena de signos vacilantes, la escribe la misma mano que estrechó la tuya en las horas del amor, de la esperanza, de la fe; esta es la letra escritora del decreto de Trujillo y del mensaje al Consejo de Angostura. No la reconoces, ¿verdad? Yo tampoco la reconocería si la muerte no me señalara con su dedo despiadado la realidad de este supremo instante. Si yo hubiera muerto sobre un campo de batalla, dando frente al enemigo, te daría mi gloria, la gloria que entreví a tu lado, a los campos de un sol de primavera.

Muero despreciable, proscrito, detestado por los mismos que gozaron mis favores; víctima de intenso dolor, presa de infinitas amarguras. Te dejo mis recuerdos, mis tristezas y las lágrimas que no llegaron a verter mis ojos. ¿No es digna de tu grandeza tal ofrenda? Estuviste en mi alma en el peligro; conmigo presidiste los consejos de gobierno; tuyos fueron mis triunfos y tuyos mis reveses; tuyos son también mi último pensamiento y mi pena postrimera. En las noches galantes del Magdalena vi desfilar mil veces la góndola de Byron por los canales de Venecia, ¡en ella iban grandes bellezas y grandes hermosuras, pero no ibas tú: porque tú has flotado en mi alma mostrada por níveas castidades!

A la hora de los grandes desengaños, a la hora de las íntimas congojas, apareces ante mis ojos moribundos con los hechizos de la juventud y de la fortuna; me miras, y en tus pupilas arde el fuego de los volcanes; me hablas, y en tu voz oigo las dianas inmortales de Junín.

Adiós, Fanny, todo ha terminado. Juventud, ilusiones, risas y alegrías se hunden en la nada, sólo quedas tú como ilusión serafina señoreando el infinito, dominando la eternidad.
Me tocó la misión del relámpago: rasgar un instante las tinieblas, fulgurar apenas sobre el abismo y tornar a perderse en el vacío.
Santa Marta, 6 de diciembre de 1830.

Simón Bolívar

 

 

Bajo una pequeña estrella

Wislawa Szymborska
Que me disculpe la coincidencia por llamarla necesidad.
Que me disculpe la necesidad, si a pesar de ello me equivoco.
Que no se enoje la felicidad por considerarla mía.
Que me olviden los muertos que apenas si brillan en la memoria.
Que me disculpe el tiempo por el mucho mundo pasado por alto a cada segundo.
Que me disculpe mi viejo amor por considerar al nuevo el primero.
Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa.
Perdonadme, heridas abiertas, por pincharme en el dedo.
Que me disculpen los que claman desde el abismo el disco de un minué.
Que me disculpe la gente en las estaciones por el sueño a las cinco de la mañana.
Perdóname, esperanza acosada, por reírme a veces.
Perdonadme, desiertos, por no correr con una cuchara de agua.
Y tú, gavilán, hace años el mismo, en esta misma jaula,
inmóvil mirando fijamente el mismo punto siempre,
absuélveme, aunque fueras un ave disecada.
Que me disculpe el árbol talado por las cuatro patas de la mesa.
Que me disculpen las grandes preguntas por las pequeñas respuestas.
Verdad, no me prestes demasiada atención.
Solemnidad, sé magnánima conmigo.
Soporta, misterio de la existencia, que arranque hilos de tu cola.
No me acuses, alma, de poseerte pocas veces.
Que me perdone todo por no poder estar en todas partes.
Que me perdonen todos por no saber ser cada uno de ellos, cada una de ellas.
Sé que mientras viva nada me justifica porque yo misma me lo impido.
Habla, no me tomes a mal que tome prestadas palabras patéticas y que me esfuerce
                                                                                        después para que parezcan ligeras.

Wislawa Szymborska    (Polonia, 1923)
Premio Nobel de Literatura 1996

Versión en español de Abel.A. Murcia

 

 

Botella al mar para el Dios de las palabras

Intervención de Gabriel García Márquez en el Congreso de Zacatecas, abril de 1997

A mis 12 años de edad estuve a punto de ser atropellado por una bicicleta. Un señor cura que pasaba me salvó con un grito: «¡Cuidado!»
El ciclista cayó a tierra. El señor cura, sin detenerse, me dijo: «¿Ya vio lo que es el poder de la palabra?» Ese día lo supe. Ahora sabemos, además, que los Mayas lo sabían desde los tiempos de Cristo, y con tanto rigor que tenían un dios especial para las palabras.

Nunca como hoy ha sido tan grande ese poder. La humanidad entrará en el tercer milenio bajo el imperio de las palabras. No es cierto que la imagen esté desplazándolas ni que pueda extinguirlas. Al contrario, está potenciándolas: nunca hubo en el mundo tantas palabras con tanto alcance, autoridad y albedrío como en la inmensa Babel de la vida actual. Palabras inventadas, maltratadas o sacralizadas por la prensa, por los libros desechables, por los carteles de publicidad; habladas y cantadas por la radio, la televisión, el cine, el teléfono, los altavoces públicos; gritadas a brocha gorda en las paredes de la calle o susurradas al oído en las penumbras del amor. No: el gran derrotado es el silencio. Las cosas tienen ahora tantos nombres en tantas lenguas que ya no es fácil saber cómo se llaman en ninguna. Los idiomas se dispersan sueltos de madrina, se mezclan y confunden, disparados hacia el destino ineluctable de un lenguaje global.

La lengua española tiene que prepararse para un oficio grande en ese porvenir sin fronteras. Es un derecho histórico. No por su prepotencia económica, como otras lenguas hasta hoy, sino por su vitalidad, su dinámica creativa, su vasta experiencia cultural, su rapidez y su fuerza de expansión, en un ámbito propio de 19 millones de kilómetros cuadrados y 400 millones de hablantes al terminar este siglo. Con razón un maestro de letras hispánicas en Estados Unidos ha dicho que sus horas de clase se le van en servir de intérprete entre latinoamericanos de distintos países. Llama la atención que el verbo pasar tenga 54 significados, mientras en la República de Ecuador tienen 105 nombres para el órgano sexual masculino, y en cambio la palabra condoliente, que se explica por sí sola, y que tanta falta nos hace, aún no se ha inventado. A un joven periodista francés lo deslumbran los hallazgos poéticos que encuentra a cada paso en nuestra vida doméstica. Que un niño desvelado por el balido intermitente y triste de un cordero dijo: «Parece un faro». Que una vivandera de la Guajira colombiana rechazó un cocimiento de toronjil porque le supo a Viernes Santo. Que don Sebastián de Covarrubias, en su diccionario memorable, nos dejó escrito de su puño y letra que el amarillo es «la color» de los enamorados. ¿Cuántas veces no hemos probado nosotros mismos un café que sabe a ventana, un pan que sabe a rincón, una cerveza que sabe a beso?
Son pruebas al canto de la inteligencia de una lengua que desde hace tiempo no cabe en su pellejo. Pero nuestra contribución no debería ser la de meterla en cintura, sino al contrario, liberarla de sus fierros normativos para que entre en el siglo venturo como Pedro por su casa. En ese sentido me atrevería a sugerir ante esta sabia audiencia que simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros. Humanicemos sus leyes, aprendamos de las lenguas indígenas a las que tanto debemos lo mucho que tienen todavía para enseñarnos y enriquecernos, asimilemos pronto y bien los neologismos técnicos y científicos antes de que se nos infiltren sin digerir, negociemos de buen corazón con los gerundios bárbaros, los qués endémicos,
el dequeísmo parasitario, y devolvamos al subjuntivo presente el esplendor de sus esdrújulas: váyamos en vez de vayamos, cántemos en vez de cantemos, o el armonioso muéramos en vez del siniestro muramos. Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revólver con revolver. ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?

Son preguntas al azar, por supuesto, como botellas arrojadas a la mar con la esperanza de que le lleguen al dios de las palabras.
A no ser que por estas osadías y desatinos, tanto él como todos nosotros terminemos por lamentar, con razón y derecho,
que no me hubiera atropellado a tiempo aquella bicicleta providencial de mis 12 años.

Gabriel García Márquez     ( Colombia, 1928 )
Premio Nobel de Literatura 1982

 

 

Canonicemos a las putas

Santoral del sábado: Betty, Lola, Margot, vírgenes perpetuas, reconstruidas, mártires provisorias llenas de gracia, manantiales
de generosidad.

Das al placer, oh puta redentora del mundo, y nada pides a cambio sino unas monedas miserables. No exiges ser amada, respetada, atendida, ni imitas a las esposas con los lloriqueos, las reconvenciones y los celos. No obligas a nadie a la despedida ni a la reconciliación; no chupas la sangre ni el tiempo; eres limpia de culpa; recibes en tu seno a los pecadores, escuchas las palabras y los sueños, sonríes y besas. Eres paciente, experta, atribulada, sabia, sin rencor.

No engañas a nadie, eres honesta, íntegra, perfecta; anticipas tu precio, te enseñas; no discriminas a los viejos, a los criminales, a los tontos, a los de otro color; soportas las agresiones del orgullo, las asechanzas de los enfermos; alivias a los impotentes, estimulas a los tímidos, complaces a los hartos, encuentras la fórmula de los desencantados. Eres la confidente del borracho, el refugio del perseguido, el lecho del que no tiene reposo.

Has educado tu boca y tus manos, tus músculos y tu piel, tus vísceras y tu alma. Sabes vestir y desvestirte, acostarte, moverte. Eres precisa en el ritmo, exacta en el gemido, dócil a las maneras del amor.

Eres la libertad y el equilibrio; no sujetas ni detienes a nadie; no sometes a los recuerdos ni a la espera. Eres pura presencia, fluidez, perpetuidad.

En el lugar en que oficias a la verdad y a la belleza de la vida, ya sea el burdel elegante, la casa discreta o el camastro de la pobreza, eres lo mismo que una lámpara y un vaso de agua y un pan.

Oh puta amiga, amante, amada, recodo de este día de siempre, te reconozco, te canonizo a un lado de los hipócritas y de los perversos, te doy todo mi dinero, te corono con hojas de yerba y me dispongo a aprender de ti todo el tiempo.

Jaime Sabines ( México, 1926-1999 )

 

 

Decálogo más uno para escritores principiantes

I
No busquen ser originales. El ser distinto es inevitable cuando uno no se preocupa de serlo.

II
No intenten deslumbrar al burgués. Ya no resulta. Éste sólo se asusta cuando le amenazan el bolsillo.

III
No traten de complicar al lector, ni buscar ni reclamar su ayuda.
IV
No escriban jamás pensando en la crítica, en los amigos o parientes, en la dulce novia o esposa.
Ni siquiera en el lector hipotético.

V
No sacrifiquen la sinceridad literaria a nada. Ni a la política ni al triunfo. Escriban siempre
para ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y no es posible engañar.

VI
No sigan modas, abjuren del maestro sagrado antes del tercer canto del gallo.
VII
No se limiten a leer los libros ya consagrados. Proust y Joyce fueron despreciados cuando
asomaron la nariz, hoy son genios.

VIII
No olviden la frase, justamente famosa: 2 más dos son cuatro; pero ¿y si fueran 5?
IX
No desdeñen temas con extraña narrativa, cualquiera sea su origen. Roben si es necesario.

X
Mientan siempre.

XI
No olviden que Hemingway escribió: "Incluso di lecturas de los trozos ya listos de mi novela,
que viene a ser lo más bajo en que un escritor puede caer."

Juan Carlos Onetti          Uruguay, 1909 - 1994

 

Delirar en voz alta

Mensaje de Eduardo Galeano para América Latina
Cartagena de Indias, Julio de 1997

Si el mundo está patas arriba y cabeza abajo ¿por qué no delirar que el mundo vuelva a estar como él quiso cuando todavía no era?
Así que se me ocurrió imaginar ese mundo posible.

Delirar, soñar en voz alta:

En las calles los automóviles serán pisados por los perros, el aire estará limpio de los venenos de las máquinas y no tendrá más contaminación que la que emana de los miedos humanos y de las humanas pasiones.

La gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por la computadora, ni será comprada por el supermercado,
ni será mirada por el televisor.

El televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia y será tratado como la plancha o el lavarropas.

La gente trabajará para vivir en lugar de vivir para trabajar.

En ningún país irán presos los muchachos por no prestar el servicio militar; sólo irán quienes quieran hacerlo.

Los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de compra.

Los cocineros no creerán que a las langostas les encanta que las cocinen vivas.

Los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos y los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas.

El mundo ya no estará en guerra contra los pobres sino contra la pobreza. La industria militar no tendrá más remedio que declararse en quiebra por siempre jamás.

Nadie morirá de hambre porque nadie morirá de indigestión. Los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura porque no habrá niños de la calle. Los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero porque no habrá niños ricos.

La educación no será privilegio de quienes pueden pagarla, ni la policía será la maldición de quienes no puedan comprarla.

La justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda.

Una mujer negra será presidenta del Brasil y otra mujer negra será presidenta de los Estados Unidos; una mujer india gobernará
a Guatemala y otra a Perú.

En Argentina las "Locas de la Plaza de Mayo" serán un ejemplo de salud mental porque ellas se negaron a olvidar, en el tiempo
de la amnesia obligatoria.

La Santa Madre Iglesia corregirá algunas erratas en las piedras de Moisés: El sexto mandamiento ordenará: "festejarás tu cuerpo".
El noveno que desconfía del deseo, lo declarará sagrado. La Iglesia también dictará el undécimo mandamiento que se le había olvidado al Señor: "amarás a la naturaleza de la que formas parte."

Todos los penitentes serán celebrantes y no habrá noche que no sea vivida como si fuera la última, ni un día que no sea vivido como si fuera el primero.

Eduardo Galeano ( Uruguay, 1940 )

 

Desde los afectos

Cómo hacerte saber que siempre hay tiempo?

Que uno tiene que buscarlo y dárselo...
Que nadie establece normas, salvo la vida...
Que la vida sin ciertas normas pierde formas...
Que la forma no se pierde con abrirnos...
Que abrirnos no es amar indiscriminadamente...
Que no está prohibido amar...
Que también se puede odiar...
Que la agresión porque sí, hiere mucho...
Que las heridas se cierran...
Que las puertas no deben cerrarse...
Que la mayor puerta es el afecto...
Que los afectos, nos definen...
Que definirse no es remar contra la corriente...
Que no cuanto más fuerte se hace el trazo, más se dibuja...
Que negar palabras, es abrir distancias...
Que encontrarse es muy hermoso...
Que el sexo forma parte de lo hermoso de la vida...
Que la vida parte del sexo...
Que el por qué de los niños, tiene su por qué...
Que querer saber de alguien, no es sólo curiosidad...
Que saber todo de todos, es curiosidad malsana...
Que nunca está de más agradecer...
Que autodeterminación no es hacer las cosas solo...
Que nadie quiere estar solo...
Que para no estar solo hay que dar...
Que para dar, debemos recibir antes...
Que para que nos den también hay que saber pedir...
Que saber pedir no es regalarse...
Que regalarse en definitiva no es quererse...
Que para que nos quieran debemos demostrar qué somos...
Que para que alguien sea, hay que ayudarlo...
Que ayudar es poder alentar y apoyar...
Que adular no es apoyar...
Que adular es tan pernicioso como dar vuelta la cara...
Que las cosas cara a cara son honestas...
Que nadie es honesto porque no robe...
Que cuando no hay placer en las cosas no se está viviendo...
Que para sentir la vida hay que olvidarse que existe la muerte...
Que se puede estar muerto en vida..
Que se siente con el cuerpo y la mente...
Que con los oídos se escucha...
Que cuesta ser sensible y no herirse...
Que herirse no es desangrarse...
Que para no ser heridos levantamos muros...
Que sería mejor construir puentes...
Que sobre ellos se van a la otra orilla y nadie vuelve...
Que volver no implica retroceder...
Que retroceder también puede ser avanzar...
Que no por mucho avanzar se amanece más cerca del sol...
Cómo hacerte saber que nadie establece normas, salvo la vida?

Mario Benedetti        ( Uruguay, 1920 - 2009)

 

 

Desechando lo desechable
Seguro que el destino se ha confabulado para complicarme la vida.
No consigo acomodar el cuerpo a los nuevos tiempos.
O por decirlo mejor: no consigo acomodar el cuerpo al “use y tire” ni al “compre y compre” ni al “desechable”.
Ya sé, tendría que ir a terapia o pedirle a algún siquiatra que me medicara.
Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.
No hace tanto con mi mujer lavábamos los pañales de los gurises.
Los colgábamos en la cuerda junto a los chiripás; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.
Y ellos… nuestros nenes… apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales).
¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables!
Sí, ya sé… a nuestra generación siempre le costó tirar.
¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables!
Y así anduvimos por las calles uruguayas guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores. Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban como podían con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad.
¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor.
Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra.
Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto.
Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.
¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plast de los pollos! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de alpaca en el cajón de los cubiertos!
Es que vengo de un tiempo en que las cosas se compraban para toda la vida.
¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después!
La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza.
Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.
¡Nos están jodiendo!
¡¡Yo los descubrí… lo hacen adrede!!
Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo.
Nada se repara.
¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las Nike?
¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommier casa por casa?
¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?
¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se deshecha y mientras tanto producimos más y más basura.
El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.
El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!!
¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de 50 años!
Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)
No existía el plástico ni el nylon.
La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan.
Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban.
De por ahí vengo yo.
Y no es que haya sido mejor.
Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el “guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo” pasarse al “compre y tire que ya se viene el modelo nuevo”.
Mi cabeza no resiste tanto.
Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.
Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya sí era un nombre como para cambiarlo)
Me educaron para guardar todo.
¡Toooodo!
Lo que servía y lo que no.
Porque algún día las cosas podían volver a servir.
Le dábamos crédito a todo.
Sí… ya sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no.
Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas de jardinera… y no sé cómo no guardamos la primera caquita.
¡¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?!
¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con que se consiguieron?
En casa teníamos un mueble con cuatro cajones.
El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto.
Y guardábamos.
¡¡Cómo guardábamos!!
¡¡Tooooodo lo guardábamos!!
¡Guardábamos las chapitas de los refrescos!
¡¿Cómo para qué?!
Hacíamos limpia calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares.
Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela.
¡Tooodo guardábamos!
Las cosas que usábamos: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus.
Y las cosas que nunca usaríamos.
Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón.
Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar.
Cañitos de plástico sin la tinta, cañitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón.
Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor. Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraran al terminar su ciclo, los uruguayos inventábamos la recarga de los encendedores descartables.
Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de paté o del corned beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave.
¡Y las pilas!
Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa.
Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más.
No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.
Las cosas no eran desechables… eran guardables.
¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al cuadril!
Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque del Banco de Seguros para hacer cuadros, y los cuentagotas de los remedios por si algún remedio no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos.
Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posamates, y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de cartas se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía “éste es un 4 de bastos”.
Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa y el ganchito de metal.
Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos.
Así como hoy las nuevas generaciones deciden “matarlos” apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada… ni a Walt Disney.
Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron “Tómese el helado y después tire la copita”, nosotros dijimos que sí, pero… ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas.
Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos.
Las primeras botellas de plástico -las de suero y las de Agua Jane- se transformaron en adornos de dudosa belleza.
Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de bollones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.
Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos.
No lo voy a hacer.
Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable.
Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.
Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero.
No lo voy a hacer.
No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne.
No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.
Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares.
De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva.
Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo que la bruja me gane de mano … y sea yo el entregado.
Y yo…no me entrego.
Enero de 2006

Marciano Durán (Escritor Uruguayo)
Tomado de sus "Crónicas Marcianas"

 

 

Desencuentros con Julio Cortázar    (Jorge Enrique Audoum)
es como si lo hubiera visto morirse quince meses atrás o
      sea el 6 de noviembre de 1982 cuando enterrábamos a carol
hacía un frío triste y gris y allí estábamos los amigos
desfilando sobre un suelo movedizo y húmedo de hojas
       sucias de otoño como si hubiera servido para otros
       entierros u otros otoños
y tras haber echado cada uno una flor -rosas amarillas
había pedido su madre por teléfono- sobre la caja
angosta y pequeñita
nosotros que habíamos enterrado en nuestra vida a tantos
        muertos y dándole el pésame a tantos deudos
nos encontrábamos en el cementerio de montparnasse
        con un único deudo solo alto duro flaco
de pie con una gabardina azul bajo el arco de unos
        árboles casi decorado de teatro
como en él todo era grande (sobre todo el corazón) me
        hizo sentirme más pequeño con su inmenso abrazo y
        su recomendación de que me cuidara
pero en ese instante como si yo no hubiera sido yo sino
        uno de sus personajes de esos con supersticiones y
        premoniciones causales y casuales
decía me decía ¿ya quién vamos a darle el pésame
        cuando él se muera si no a nosotros mismos?
como si él y no alguno de nosotros los otros hubiera de
        morirse primero
después los que quedamos nos juntamos los pedazos
        prometiéndonos vernos con mayor frecuencia no
       dejar que las calles y distancias de parís nos
       separaran estar más juntos que antes como para
       que nadie llegara a faltarnos
y es precisamente él quien nos falta ahora y estamos
       todos dándonos el pésame abrazándonos más
       estrechamente que nunca recibiendo condolencias
       por teléfono o por correo
sintiéndolo de pronto alIado cuando entramos en un
       bistrot o tomamos el metro o escuchamos jazz o nos
       ponemos un pullover
y habiendo olvidado en esa oportunidad sus antiguas
       instrucciones para llorar
traté a escondidas en difícil homenaje a su memoria de
       subir de espaldas la escalera
y he de incurrir en el ya lugar común de decir de
       ciertas situaciones o de ciertos desencuentros
       sucesivos que parecen un cuento de cortázar
pero la culpa es suya por habernos demostrado que uno
       puede pasar de su mundo cotidiano y rutinario a un
       universo paradójico con solo tomar un tren o abrir
       una puerta

en septiembre de 1982 la universidad internacional
       menéndez y pelayo de españa acordó culminar un
       seminario celebrado en sitges rindiendo homenaje a
       la obra de cortázar y entregándole una medalla
julio no pudo asistir atado como estaba a la cama de
       hospital de su mujer (y sin embargo en esos días
       escribió dos cuentos de horror sobre el fascismo
       argentino)
y por generosidad de los participantes se decidió que yo
       recibiera la medalla en su nombre
pero en lugar de entregármela en su estuche el rector me
       la "impuso" o sea simplemente que me la puso
o sea que me la quité en seguida porque estaba destinada
       a otro pecho
y agradecí no en nombre de cortázar sino en el de quienes
       éramos sus amigos y hermanos
ese reconocimiento a la obra del gigante "pastor de
       palabras" pero también a la del hombre que con sus
       largos brazos de boxeador frustrado golpeaba en cada
       round la mandíbula de los dictadores
al que le había quitado todas las cáscaras a la realidad
       hasta encontrar en ella las semillas de lo imaginario
al doble compañero en quien la literatura y la revolución
       se daban la mano comprensivas
a su ejemplar capacidad latinoamericana de ubicuidad
       porque estaba en lo esencial de chile y de argentina en
       cuba y nicaragua en el salvador y guatemala
tratando en todas las tribunas posibles y desde todos los
       tribunales de explicarles a los europeos cómo son las
       cosas contra las que se debaten o por las que combaten
       nuestros pueblos
yo declaré en aquel acto cordial y solemne que entregaría
       a julio la medalla por lo menos en unión de los
       participantes en el seminario radicados en parís -
       saúl yurkievich osvaldo soriano y miguel rojas mix-
desde la casa de eduardo galeano lo llamamos por teléfono
       para enteramos del estado de salud de carol y yo le
       hice el resumen de la solidaridad de profesores y
       alumnos de amigos y desconocidos en ese momento
       tenso que estaban pasando esas dos vidas
y le prometí esa fraternal miniatura del acto de sitges
       para cuando carol saliera del hospital
pero carol salió del hospital al cementerio y me pareció
       que celebrar la reunión sin ella habría sido algo como
       faltar a mi palabra o algo como olvidarla demasiado
       pronto

por lo demás julio se puso sanamente a viajar en seguida
fue al sur de francia y volvió a cuba (que le había cambiado
       casi veinticinco años atrás las líneas de la mano) y a
       nicaragua (donde "han empujado la palabra cultura a
       la calle como si fuera un carrito de helados o de
       frutas")
cuando estuvo de regreso yo entraba unavezmente más
       al hospital por nuevos incidentes corazonales
       y estuve un mes fuera de parís por razones de convalecencia

a mi regreso saúl estaba ausente y soriano había ido a
       hacer una "prospección" en argentina donde su último
       libro disputaba con uno de julio el primer lugar en la
       lista de best-sellers
cuando en junio apareció Deshoras y lo encontré en una
       lectura de poemas que hizo claribel alegría conmigo
       me pareció llegada la oportunidad que buscaba y le
       propuse celebrarlo con la reunión nueve meses
       postergada y entregarle la medalla
pero él se marchaba al día siguiente a italia y a no sé qué
       otros países más
luego vinieron las vacaciones de verano en las que todos
       se ausentaron excepto yo que me fui a ecuador en
       septiembre y octubre
a mi vuelta la medalla guardada en un cajón del escritorio
       me seguía quemando las manos
y decidí dársela aun cuando fuera sin pretexto literario ni
       fiesta casera ni invitados íntimos
pero él podía por fin volver a su argentina en donde tanto
       tiempo le estuvo prohibido entrar ya veces ser leído
e iba a hacer un nuevo viaje a cuba y nicaragua pasando
       por parís pero esta vez su médico no se lo permitió
"por el peligro de la enfermedades tropicales" según
       julio que seguía engañándo(se)nos
en diciembre lo encontré en casa de daniel viglietti y por
      vez primera lo vi malhumorado harto de venir
      arrastrando tres años de alergias y seis meses de
      leucemia y otros trastornos
cuando al abrazarle le pregunté cómo estaba me dijo
      "Mal como de costumbre"
cuando al despedirme le dije que se cuidara me respondió
      secamente "I will do my best"
desde entonces durante dos meses fue huésped semanal
      de los hospitales
y aún así se dio modos para hacerme llegar en enero
      Los autonautas de la cosmoruta amorosamente escrito a
      cuatro manos entre él y carol dunlop
a comienzos de febrero de paso por parís eduardo galeano
      me dejó un ejemplar de Las caras y las máscaras que julio
      quería leer "durante su convalecencia"
y miguel rojas mix que en esta historia de hospitales
      estaba entonces hospitalizado me hizo saber que por
      saúl yurkievich sabía que el cronopio mayor se
      acordaba de que no le había dado aún su medalla
julio ya no quería que se lo visitara en el hospital pero
      alfredo guevara logró hacerle llegar el testimonio de
      solidaridad de cuba que ponía a su disposición un
      avión y toda su capacidad médica
aunque sabíamos o sospechábamos o temíamos que fuera
      demasiado tarde
en la noche del sábado 11 de febrero le escribí unos
      renglones recordándole que por viajes impostergables
      ausencias intempestivas e idas y vueltas suyas y mías
      a los hospitales se había postergado la entrega de ese
      símbolo de admiración y reconocimiento de la
      universidad española a la limpieza de su vida y la
      limpieza de su obra
pero que se iban acumulando en mi poder cosas que le
      pertenecían
y que se las enviaba con alguien para que por intermedio
      de aurora bernárdez -que había sido su primera
      mujer y era su última entrañable enfermera- las
      recibiera el domingo a las cuatro de la tarde
pero el domingo se estuvo muriendo desde las cinco de
      la mañana hasta que hacia el mediodía un médico
tardíamente compasivo le puso una inyección para
      que no le dolieran más el corazón ni el resto
esa noche vi en su casa de reojo el estuche con la medalla
      el libro y la carta

justo un año antes él había hablado del "término del
      periplo de una vida que entra en su ocaso [...] al fin de
      un larguísimo viaje por las tierras y los mares del
      tiempo"
no nos parecía a nosotros que hubiese sido tan largo pero
      ahí estábamos enterrándolo el martes con un solcito
      frío de invierno en una caja larga y ancha capaz de
      contener al gran hermano mayor aunque con la
      impresión de que había tenido que empequeñecerse
      para pasar por la muerte sin bajar la cabeza
nos fue imposible convencer a los empleados de pompas
      fúnebres de que la familia éramos nosotros cuando
      nos pedían que nos retiráramos
y volvimos a abrazarnos más estrechamente que la vez
      anterior
sintiéndonos que a pesar de estar todos juntos nos
      habíamos quedado un poco más solos
(carol había muerto el 2 de noviembre "Día de los fieles
      difuntos"
julio fue a reunirse con ella -bajo la hermosa sábana de
      mármol que había tallado luis tomasello- el 14 de
      febrero "Día de los enamorados"
dejo constancia de ello porque para él esas cosas tenían
      significado )
                                                                                                   1984

Tomado de "Antología poética"  de  Jorge Enrique Audoum
Visor 1998
 


 

Despedida
Yo me voy porque en los "subways" no crecen los bejucos;
porque ya no huele el aire prisionero de las calles
a azafrán, ni a tomillo, ni a hembra en primavera.
Me voy porque a los parques les pusieron mordazas.
Me voy porque aquí ya no se puede reír a carcajadas;
porque los crepúsculos se compran enlatados;
porque agonizaron, inermes, los últimos rebeldes.
Me voy porque hasta los besos se encuentran censurados.
Me voy porque ya ordenaron investigar a la alegría;
porque a los niños les raptaron sus hadas;
porque a los libros los encerraron en la cárcel.
Me voy porque a la muerte la están vendiendo en cápsulas.
Me voy porque a las mujeres les rondaron el sexo;
porque al alcohol le editaron sus sueños;
porque en lugar de saúcos se cultivan barrotes.
Porque soltaron, todos, los diques del pavor.
Me voy porque en las calles tan sólo ríe el miedo.

Luis Zalamea, Colombia, 1921

 

 

Dios estaba en la puerta...

Dios estaba en la puerta. Cuidaba de no envejecer. Pudriéndose de belleza, ausente en su presencia, a la cabeza de los ruidos,
podía quedarse la duración infinita de la ciudad al crepúsculo. Oscuro peatón, irradiaba al asumir la sola luz de la noche. La sombra amada de sus piernas se bañaba en la marejada y sus pies pisaban el corazón inocente del prodigio. Su presencia borrosa, cegadora de evidencia, no servía sino a alumbrar mejor la llama de vincapervinca en los ojos de los que pasaban sin verle pero que, desde siempre, hubieran deseado verle en su puesto, ante la puerta, tal una proa hendiendo los rompientes del crepúsculo. Dios esclavo dominando con su desnudez esencial el remolino de la muchedumbre ausente bañada por los esplendores reales de la domesticidad divina. Dios Padre, joven en su vejez de vigilante saurio emergiendo de la sombra a la sombra. Su cabeza parda alumbrada de negro resplandecía de un rubio sordo e infernal. Su belleza no podía ser sino de este mundo: con su calor suave su bondad era la frialdad misma, ¿acecharía, indiferente, a una víctima? ¿Quién era su víctima? ¿Había, existía una víctima? ¿Existió nunca la víctima? Todas estas preguntas sin resolver delante de Dios a su puerta y que ahora hacen juegos malabares en sus manos con una simplicidad desprovista de toda respuesta porque no había habido nunca preguntas, nada más que el suplicio, la extorsión, la confesión por la tortura, la ausencia en el instante mismo de la pregunta y la respuesta porque, apenas planteada, esa se perdía en el humo espeso de contestaciones ya inexistentes, ya caducas, inactuales ante la vejez, la inactualidad feroz de las preguntas.
Y supe entonces cuán cálida y minúscula es la eternidad, manejada como un reloj de bolsillo apto para todos los usos desde jabón matinal hasta pelambre de gato. Humana en su más sórdida acepción, cómoda, intercambiable, que paga en moneda de burla, en especies tangibles, buena para pagar cualquier cosa y también para engañarse con preguntas metafísicas, preguntas como éstas: ¿qué hora será dentro de ciento cincuenta años? O ¿cuál es la palabra para hacer jabonar la barba a las moscas?
Pero Dios probablemente ha permanecido a la puerta, a su puerta, ignorándose a sí mismo e ignorando todo de esa puerta porque la suprema inteligencia no es sino el vacío absoluto, la ausencia cálida de inteligencia, la nada volcándose sobre sí misma, proyectando de todas partes sus lentejuelas de amianto invisibles a todos.
Y sólo yo he podido ver por toda la eternidad a Dios ante su puerta, que no era tal detrás de él, que tampoco lo era.

César Moro
Perú, 1903-1956

De "Amour à mort" 1957

 

 

El arte de amar

I
¿Es el amor un arte?

¿Es el amor un arte? En tal caso, requiere conocimiento y esfuerzo. ¿O es el amor una sensación placentera, cuya experiencia
es una cuestión de azar, algo con lo que uno "tropieza" si tiene suerte? Este libro se basa en la primera premisa, si bien es indudable que la mayoría de la gente de hoy cree en la segunda.
No se trata de que la gente piense que el amor carece de importancia. En realidad, todos están sedientos de amor; ven innumerables películas basadas en historias de amor felices y desgraciadas, escuchan centenares de canciones triviales que hablan del amor, y, sin embargo, casi nadie piensa que hay que aprender acerca del amor.
Esa peculiar actitud se basa en varias premisas que, individualmente o combinadas, tienden a sustentarla.  Para la mayoría de la gente, el problema del amor consista fundamentalmente en ser amado, no en amar, no en la propia capacidad de amar. De ahí que para ellos el problema sea cómo lograr que se los ame, cómo ser dignos de amor.  Para alcanzar ese objetivo, siguen varios caminos. Uno de ellos, utilizado en especial por los hombres, es tener éxito, ser tan poderoso y rico como lo permita el margen social de la propia posición.  Otro usado particularmente por las mujeres, consiste en ser atractivas por medio del cuidado del cuerpo, la ropa, etc. Existen otras formas de hacerse atractivo, que utilizan tanto los hombres como las mujeres, tales como tener modales agradables y conversación interesante, ser útil, modesto, inofensivo. Muchas de las formas de hacerse querer son iguales a las que se utilizan para alcanzar el éxito, para "ganar amigos a influir sobre la gente".
En realidad, lo que para la mayoría de la gente de nuestra cultura equivale a digno de ser amado es, en esencia, una mezcla de popularidad y sex-appeal.
La segunda premisa que sustenta la actitud de que no hay nada que aprender sobre el amor, es la suposición de que el problema del amor es el de un objeto y no de una facultad. La gente cree que amar es sencillo y difícil encontrar un objeto apropiado para amar para ser amado por él. Tal actitud tiene varias causas, arraigadas en el desarrollo de la sociedad moderna. Una de ellas es la profunda transformación que se produjo en el siglo veinte con respecto a la elección del "objeto amoroso". En la era victoriana, así como en muchas culturas tradicionales, el amor no era generalmente una experiencia personal espontánea que podía llevar al matrimonio. Por el contrario, el matrimonio se efectuaba por un convenio entre las respectivas familias o por medio de un agente matrimonial, o también sin la ayuda de tales intermediarios; se realizaba sobre la base de consideraciones sociales, partiendo de la premisa de que el amor surgiría después de concertado el matrimonio. En las últimas generaciones el concepto de amor romántico se ha hecho casi universal en el mundo occidental. En los Estados Unidos de Norteamérica, si bien no faltan consideraciones de índole convencional, la mayoría de la gente aspira a encontrar un "amor romántico", a tener una experiencia personal del amor que lleve luego al matrimonio. Ese nuevo concepto de la libertad en el amor debe haber acrecentado enormemente la importancia del objeto frente a la de la función.
Hay en la cultura contemporánea otro rasgo característico, estrechamente vinculado con ese factor. Toda nuestra cultura está basada en el deseo de comprar, en la idea de un intercambio mutuamente favorable. La felicidad del hombre moderno consiste en la excitación de contemplar las vidrieras de los negocios, y en comprar todo lo que pueda, ya sea al contado o a plazos. El hombre (o la mujer) considera a la gente en una forma similar. Una mujer o un hombre atractivos son los premios que se quiere conseguir. "Atractivo" significa habitualmente un buen conjunto de cualidades que son populares y por las cuales hay demanda en el mercado de la personalidad. Las características específicas que hacen atractiva a una persona, dependen de la moda, de la época, tanto física como mentalmente. Durante los años que siguieron a la Primera Guerra Mundial, una joven que bebía y fumaba, emprendedora y sexualmente provocadora, resultaba atractiva; hoy en día la moda exige más domesticidad y recato. A fines del siglo XIX y comienzos de éste, un hombre debía ser agresivo y ambicioso -hoy tiene que ser sociable y tolerante- para resultar atractivo. De cualquier manera, la sensación de enamorarse sólo se desarrolla con respecto a las mercaderías humanas que están dentro de nuestras posibilidades de intercambio. Quiero hacer un buen negocio; el objeto debe ser deseable desde el punto de vista de su valor social y, al mismo tiempo, debo resultarle deseable, teniendo en cuenta mis valores y potencialidades manifiestas y ocultas. De ese modo, dos personas se enamoran cuando sienten que han encontrado el mejor objeto disponible en el mercado dentro de los límites impuestos por sus propios valores de intercambio. Lo mismo que cuando se compran bienes raíces, suele ocurrir que las potencialidades ocultas susceptibles de desarrollo desempeñan un papel de considerable importancia en tal transacción. En una cultura en la que prevalece la orientación mercantil y en la que el éxito material constituye el valor predominante, no hay en realidad motivos para sorprenderse de que las relaciones amorosas humanas sigan el mismo esquema de intercambio que gobierna el marcado de bienes y de trabajo.
El tercer error que lleva a suponer que no hay nada que aprender sobre el amor, radica en la confusión entre la experiencia inicial del "enamorarse" y la situación permanente de estar enamorado, o mejor dicho de "permanecer" enamorado. Si dos personas que son desconocidas la una para la otra, como lo somos todos, dejan caer pronto la barrera que las separa, y se sienten cercanas, se sienten uno, ese momento de unidad constituye uno de los más estimulantes y excitante para la vida. Y resulta aún más maravilloso y milagroso para aquellas personas que han vivido encerradas, aisladas sin amor. Ese milagro de súbita intimidad suele verse facilitado si se combina o inicia con la atracción sexual y su consumación. Sin embargo, tal tipo de amor es, por su misma naturaleza, poco duradero. Las dos personas llegan a conocerse bien, su intimidad pierde cada vez más su carácter milagroso, hasta que su antagonismo, sus desilusiones, su aburrimiento mutuo, terminan por matar lo que pueda quedar de la excitación inicial. No obstante, al comienzo no saben todo esto: en realidad, consideran la intensidad del apasionamiento, ese estar "locos" el uno por el otro como una prueba de la intensidad del amor, cuando sólo muestra el grado de su soledad anterior.
Esa actitud -que no hay nada más fácil que amar- sigue siendo la idea prevaleciente sobre el amor, a pesar de las abrumadoras pruebas de lo contrario. Prácticamente no existe ninguna otra actividad o empresa que se inicie con tremendas esperanzas y expectaciones, y que, no obstante, fracase tan a menudo como el amor. Si ello ocurriera con cualquier otra actividad, la gente estaría ansiosa por conocer los motivos del fracaso y por corregir sus errores -o renunciaría a la actividad-. Puesto que lo último es imposible en el caso del amor, sólo parece haber una forma adecuada de superar el fracaso del amor, y es examinar las causas de tal fracaso y estudiar el significado del amor.
El primer paso a dar es tomar conciencia de que el amor es un arte, tal como es un arte el vivir. Si deseamos aprender a amar debemos proceder en la misma forma en que lo haríamos si quisiéramos aprender cualquier otro arte, música, pintura, carpintería o el arte de la medicina o de la ingeniería.
¿Cuáles son los procesos necesarios para aprender cualquier arte?
El proceso de aprender un arte puede dividirse convenientemente en dos partes: una, el dominio de la teoría; la otra el dominio de la práctica. Si quiero aprender el arte de la medicina, primero debo conocer los hechos relativos al cuerpo humano y a las diversas enfermedades.
Una vez adquirido todo ese conocimiento teórico, aún no soy en modo alguno competente en el arte de la medicina. Sólo llegaré a dominarlo después de mucha práctica, hasta que eventualmente los resultados de mi conocimiento teórico y los de mi práctica se fundan en uno, mi intuición, que es la esencia del dominio de cualquier arte. Pero aparte del aprendizaje de la teoría y de la práctica un tercer factor es necesario para llegar a dominar cualquier arte – el dominio del arte deber ser de fundamental importancia: nada en el mundo debe ser más importante que el arte. Esto es válido para la música, la medicina. La carpintería y el amor. Y quizás radique ahí el motivo de que la gente de nuestra cultura, a pesar de sus evidentes fracasos, sólo en tan contadas ocasiones trata de aprender ese arte. No obstante el profundo anhelo de amor, casi todo lo demás tiene más importancia que el amor: éxito, prestigio, dinero, poder; dedicamos casi toda nuestra energía a descubrir la forma de alcanzar esos objetivos, y muy poca a aprender el arte del amor.
¿Sucede acaso que sólo se consideran dignas de ser aprendidas las cosas que pueden proporcionarnos dinero o prestigio, y que el amor, que "sólo" beneficia al alma, pero que no proporciona ventajas en el sentido moderno, sea un lujo por el cual no tenemos derecho a gastar muchas energías? Sea como fuere, este estudio ha de referirse al arte de amar en el sentido de las divisiones antes mencionadas: primero, examinaré la teoría del amor - lo cual abarcará la mayor parte del libro, y luego analizaré la práctica del amor, si bien es muy poco lo que puede decirse sobre la práctica de éste como en cualquier otro campo.

Erich Fromm     ( Alemania, 1900 - 1980 )

 

El avión de los Cronopios

Lo primero que se nota al entrar en el avión de los cronopios es que estos cronopios tienen muy pocos aviones y se ven obligados
a aprovechar lo más posible el espacio, con lo cual este avión se parece más bien a un ómnibus, pero eso no impide que a bordo prolifere una gran alegría porque casi todos los pasajeros son cronopios y algunas esperanzas que regresan a su país, y los otros son cronopios extranjeros que al principio contemplan bastante estupefactos el entusiasmo de los que vuelven a su país hasta que al final aprenden a divertirse a la manera de los otros cronopios y en el avión reina un clima de conversatorio sólo comparable al estrépito de sus venerables motores que es propiamente la muerte en tres tomos.
A todo esto pasa que el avión tiene que despegar a las veintiuna, pero apenas los pasajeros se han instalado y están temblando como suele y debe hacerse en esos casos, aparece una lindísima aeromoza que da a conocer el discurso siguiente, a saber:
Manda decir el capi que abajo todos y que hay retraso de dos horas.
Es un hecho conocido que los cronopios no se preocupan por cosas así, puesto que en seguida piensan que la compañía les va
a servir grandes vasos de jugos de diferentes colores en el bar del aeropuerto, sin contar que podrán seguir comprando tarjetas postales y enviándolas a otros cronopios, y no solamente sucede todo eso sino que además la compañía les manda servir una cena suculenta a las once de la noche y los cronopios pueden así cumplir uno de los sueños de su vida, que es comer con una mano mientras escriben tarjetas postales con la otra. Luego vuelven al avión que tiene un aire de querer volar, y en seguida la aeromoza les trae mantas azules y verdes y hasta los arropa con sus lindas manos y apaga la luz a ver si se callan un poco, cosa que sucede bastante más tarde con gran indignación de las esperanzas y de unos cuantos cronopios extranjeros que están acostumbrados a dormirse apenas les apagan la luz en cualquier parte.
Desde luego el cronopio viajero ya ha ensayado todos los botones y palanquitas a su alcance, porque eso le produce una gran felicidad, pero vano es su deseo de que al apretar el botón correspondiente venga la aeromoza a traerle otro poco de jugo
o a arroparlo mejor en la manta verde que le ha tocado, porque muy pronto se comprueba que la aeromoza está durmiendo como un osito a lo largo de los tres asientos que con gran astucia siempre se reservan las aeromozas en esas circunstancias. Apenas el cronopio ha decidido resignarse y dormir, se encienden todas las luces y un camarero se pone a distribuir bandejas, con lo cual
el cronopio y su mujer se frotan las manos y dicen así, a saber:

Nada comparable a un buen desayuno después de un sueño reparador, sobre todo si viene con tostadas.

Tan comprensibles ilusiones se ven cruelmente diezmadas por el camarero, que empieza a distribuir bebidas con nombres misteriosos y poéticos tales como añejo en la roca, que hace pensar en una estampa con un viejo pescador japonés, o mojiito,
que también hace pensar en algo japonés.

En todo caso al cronopio le parece extraordinario que los hayan arrancado del sueño con el solo objeto de sumirlos inmediatamente en el delirio alcohólico, pero no tarda en comprender que todavía es peor puesto que la aeromoza aparece con bandejas donde entre otras cosas hay una tortilla, un helado de almendra y un plátano de aplastantes dimensiones. Como apenas hacen cinco horas que la compañía les ha servido una cena completa en el aeródromo, al cronopio esta comida le parece más bien innecesaria, pero el camarero le explica que nadie podía prever que cenarían tan tarde y que si no le gusta no la coma, cosa que
el cronopio considera inadmisible, y así tras de absorber la tortilla y el helado con gran perseverancia, se guarda el plátano en el bolsillo interior izquierdo del saco, mientras su mujer hace lo mismo en el bolso. Esta clase de episodios tiene la virtud de acortar los viajes en el avión de los cronopios, y es así que después de una escala en GANDER donde no sucede nada digno de mención, porque el día en que suceda algo en un sitio como Gander será tan insólito como si una marmota ganara un torneo de ajedrez,
el avión de los cronopios entra en cielos muy azules, y por debajo hay un mar todavía más azul, y todo se pone tan azul por todas partes que los cronopios saltan entusiasmados, y de pronto se ve un palmar y uno de los cronopios grita que ya no le importa
si el avión se cae, proclamación patriótica recibida con cierta reserva por parte de los cronopios extranjeros y sobre todo de las esperanzas, y así es como se llega al país de los cronopios.

Desde luego el cronopio viajero visitará el país y un día, cuando regrese al suyo, escribirá las memorias de su viaje en papelitos
de diferentes colores y las distribuirá en la esquina de su casa para que todos puedan leerlas. A los famas les dará papelitos azules, porque sabe que cuando los famas las lean se pondrán verdes, y nadie ignora que a un cronopio le gusta muchísimo la combinación de estos dos colores. En cuanto a las esperanzas, que se ruborizan mucho al recibir un obsequio, el cronopio les dará papelitos blancos y así las esperanzas podrán apantallarse las mejillas y el cronopio desde la esquina de su casa verá diversos y agradables colores que se van dispersando en todas direcciones llevándose las memorias de su viaje.

Julio Córtázar ( Argentina, 1914-1984 )
Tomado de "La vuelta al día en ochenta mundos"

 

 

El decálogo de Augusto Monterroso

1.   Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.

2.   No escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos, como hacen tantos, para tus
       antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido
       que la posteridad siempre hace justicia.

3.   En ninguna circunstancia olvides el célebre dictum: «En literatura no  hay nada escrito».
4.   Lo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con  una, con una.
       No emplees nunca el término medio; así, jamás escribas nada  con cincuenta palabras.

5.   Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista,
       como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que
       lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche.

6.   Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión, o la pobreza; el primero
       hizo a Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores; evita pues,
       dormir como Homero, la vida tranquila de un Byron, o ganar tanto como Bloy.

7.   No persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta el Quijote.
       Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para
       que tus amigos se entristezcan.
8.    Fórmate un público inteligente, que se consigue más entre los ricos y los poderosos. De
        esta manera no te faltarán ni la comprensión ni el estímulo, que emana de estas dos únicas
        fuentes.
9.   Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando
       creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un
       escritor.
10.  Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o
         más  inteligente que tú. De vez en cuando procura que efectivamente lo sea; pero para
         lograr eso tendrás que ser más inteligente que él.
11.  No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que tienen; no como
        tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio.

12.  Otra vez el lector. Entre mejor escribas más lectores tendrás; mientras les des obras cada
         vez más refinadas, un número cada vez mayor apetecerá tus creaciones; si escribes cosas
         para el montón nunca serás popular y nadie tratara de tocarte el saco en la calle, ni te
         señalara con el dedo en el supermercado.
       Augusto Monterroso,  Guatemala, 1944 - 2003

 

 

El diario de un perro:

Semana 1:
Hoy cumplí una semana de nacido, ¡Qué alegría haber llegado a este mundo!
Mes 01:
Mi mamá me cuida muy bien. Es una mamá ejemplar.

Mes 02:
Hoy me separaron de mi mamá. Ella estaba muy inquieta y con sus ojos me dijo adiós, esperando que mi nueva "familia humana" me cuidara tan bien como ella lo había hecho.

Mes 04:
He crecido rápido; todo me llama la atención. Hay varios niños en la casa que para
mí son como "hermanitos". Somos muy inquietos, ellos me jalan la cola y yo les muerdo jugando.

Mes 05:
Hoy me regalaron. Mi ama se molestó porque me hice "pipí" dentro de la casa; pero nunca me habían dicho dónde debo hacerlo. Además duermo en la recámara... y ya no me aguantaba!

Mes 06:
Soy un perro feliz. Tengo el calor de un hogar; me siento tan seguro, tan protegido. Creo que mi familia humana me quiere y me consiente mucho.
Cuando están comiendo me convidan. El patio es para mí solito y me doy vuelo escarbando como mis antepasados los lobos, cuando esconden la comida.
Nunca me educan. Ha de estar bien todo lo que hago.
Mes 12:
Hoy cumplí un año. Soy un perro adulto. Mis amos dicen que crecí más de lo que ellos pensaban. ¡Qué orgullosos se deben de sentir de mí!

Mes 13:
Qué mal me sentí hoy. "Mi hermanito" me quitó la pelota. Yo nunca agarro sus juguetes. Así que se la quité. Pero mis mandíbulas se han hecho muy fuertes así que lo lastimé sin querer. Después del susto, me encadenaron casi sin poderme mover al rayo del sol. Dicen que van a tenerme en observación y que soy ingrato. No entiendo nada de lo que pasa.

Mes 15:
Ya nada es igual... vivo en la azotea. Me siento muy solo, mi familia ya no me quiere. A veces se les olvida que tengo hambre y sed. Cuando llueve no tengo techo que me cobije.
Mes 16:
Hoy me bajaron de la azotea. De seguro mi familia me perdonó y me puse tan contento que daba saltos de gusto. Mi rabo parecía reguilete. Encima de eso, me van a llevar con ellos de paseo. Nos enfilamos hacia la carretera y de repente se pararon. Abrieron la puerta y yo me bajé feliz creyendo que haríamos nuestro "día de campo". No comprendo por qué cerraron la puerta y se fueron. "¡Oigan, esperen!" Se... se olvidan de mí. Corrí detrás del coche con todas mis fuerzas. Mi angustia crecía al darme cuenta, que casi me desvanecía y ellos no se detenían: me habían olvidado.

Mes 17:
He tratado en vano de buscar el camino de regreso a casa. Me siento y estoy perdido. En mi sendero hay gente de buen corazón
que me ve con tristeza y me da algo de comer. Yo les agradezco con mi mirada y desde el fondo con mi alma. Yo quisiera que me adoptaran y sería leal como ninguno. Pero solo dicen "pobre perrito", se ha de haber perdido.

Mes 18:
El otro día pasé por una escuela y vi a muchos niños y jóvenes como mis "hermanitos". Me acerqué, y un grupo de ellos, riéndose, me lanzó una lluvia de piedras "a ver quien tenía mejor puntería". Una de esas piedras me lastimó el ojo y desde entonces ya no veo con él.

Mes 19:
Parece mentira, cuando estaba más bonito se compadecían más de mí. Ya estoy muy flaco; mi aspecto ha cambiado. Perdí mi ojo
y la gente más bien me saca a escobazos cuando pretendo echarme en una pequeña sombra.

Mes 20:
Casi no puedo moverme. Hoy al tratar de cruzar la calle por donde pasan los coches, uno me arrolló. Según yo estaba en un lugar seguro llamado "cuneta", pero nunca olvidaré la mirada de satisfacción del conductor, que hasta se ladeó con tal de centrarme. Ojalá me hubiera matado, pero solo me dislocó la cadera. El dolor es terrible, mis patas traseras no me responden y con dificultades me arrastré hacia un poco de hierba a ladera del camino.

Mes 21:
Tengo 10 días bajo el sol, la lluvia, el frío, sin comer. Ya no me puedo mover. El dolor es insoportable. Me siento muy mal; quedé en un lugar húmedo y parece que hasta mi pelo se está cayendo. Alguna gente pasa y ni me ve; otras dicen: "No te acerques". Ya casi estoy inconsciente; pero alguna fuerza extraña me hizo abrir los ojos. La dulzura de su voz me hizo reaccionar. "Pobre perrito, mira como te han dejado", decía... junto a ella venía un señor de bata blanca, empezó a tocarme y dijo: "Lo siento señora, pero este perro ya no tiene remedio, es mejor que deje de sufrir." A la gentil dama se le salieron las lágrimas y asintió. Como pude, moví el rabo y la miré agradeciéndole me ayudara a descansar. Solo sentí el piquete de la inyección y me dormí para siempre pensando en por qué tuve que nacer si nadie me quería.

La solución no es echar un perro a la calle, sino educarlo. No conviertas en problema una grata compañía. Ayuda a abrir conciencia y así poder acabar con el problema de los perros callejeros. Las mascotas te lo agradecerán.

 

 

El diccionario del diablo  (selección)

A
Abad: Padre que hizo votos de no ser marido.
Aberración: cualquier desviación mental de otra persona (en relación con nuestros propios hábitos mentales) que no
                          nos parezca suficientemente grave para llamarla locura.
Abogado: persona legalmente designada para que desarregle los asuntos de quien no tuvo la habilidad de desarreglarlos
                      por sí mismo.
Abuso: talento innegable.
Álbum: instrumento de tortura en el que las señoras amigas nos crucifican entre dos ladrones.
Alivio: despertarse temprano, en una mañana fría, y descubrir que ese día es domingo.
Amigo: investigador bajo cuyo microscopio vivimos, nos movemos y existimos.
Antipatía: sentimiento inspirado por el amigo de una amiga.
Año: un período de trescientas sesenta y cinco decepciones.
Apático: casado hace seis semanas.
Arrestado: criminal atrapado sin dinero suficiente para satisfacer al policía.
Ausente: expuesto a los ataques de amigos y conocidos; difamado, calumniado.

B
Bandido: persona que toma de A, por la fuerza, lo que A tomó de B, mediante engaños.
Belleza: poder mediante el cual una mujer fascina al amante y aterroriza al esposo.
Boda: ceremonia en la que dos personas prometen volverse una, una propone volverse nada, y nada promete
             volverse tolerable.
Boticario: cómplice del médico
Bruja: vieja fea y repulsiva que se acuesta con tu marido.

C
Cagatintas: escritor profesional cuyos puntos de vista se oponen a los nuestros.
Candidato: persona que, siguiendo el consejo de sus amigos, acepta con repugnancia sacrificar sus intereses particulares
                       en nombre del bien público.
Canonizar: hacer un santo de un pecador muerto.
Cleptómano: ladrón rico.
Cliente: persona que, entre los dos métodos posibles para ser robado, optó por el convencional.
Cobarde: el que en una emergencia peligrosa piensa con las piernas.
Confesionario: lugar donde se sienta el sacerdote para perdonar grandes pecados, a cambio del placer que le produce
                               oír hablar de los pequeños.
Confidente: persona a quien A le confía los secretos de de B, que el mismo confidente había confiado a C.
consultar: buscar la aprobación ajena para una decisión que ya fue adoptada.

D
Diplomacia: arte patriótico de mentir por el país.
Dote: el gusano en el anzuelo matrimonial para pescar hombres.

E
Economía: comprar el barril de Whisky que no se necesita por el precio de la vaca que no se puede pagar.
Egoísta: persona de pésimo gusto, más interesada en sí misma que en mí.
Elocuencia: el arte de persuadir a los tontos de que el blanco es el color que parece ser.
Enemigo: persona que niega nuestros méritos o exhibe la superioridad de los suyos.
Engreimiento: la autoestima de una persona que nos disgusta.
Erudición: polvo sacudido de un libro sobre una cabeza hueca.
Éxito: el único pecado que nuestros contemporáneos no perdonan.

F
Falta: cualquiera de mis ofensas, al contrario de las de usted. Las de usted son crímenes.
Favorecer: crear un ingrato.
Felicidad: agradable sensación que produce contemplar la miseria ajena.
Foráneo: que pertenece a un país inferior.
G
Genuino: real, auténtico, como una genuina falsificación, una genuina hipocresía, etc.
Gota: nombre que dan los médicos al reuma del paciente rico.
Grosero: recordarle a una dama los buenos tiempos que pasamos juntos hace cuarenta años.
H
Hipocondría: depresión del propio espíritu:
Honesto: afligido por un impedimento en la conducta.

I
Iglesia: lugar donde el cura adora a Dios y las mujeres adoran al cura.
Ignis Fatuus: amor.
Igual: tan malo como cualquier otra cosa.
Impostor: rival que también aspira a los honores públicos.
Impunidad: riqueza.
Incompatibilidad: en el matrimonio, la existencia de gustos parecidos, especialmente el gusto por la dominación.
Inmigrante: ser ignorante que supone que un país es mejor que otro.

J
Juez: persona que está siempre entrometiéndose en disputas en las que no tiene interés personal.
Juventud: período de lo posible.

L
Legal: compatible con la voluntad del juez.
Libertad: una de las posesiones más preciadas de la Imaginación.
Longevidad: inusual extensión del miedo a la muerte.

M
Maña: sustituto del cerebro en los tontos.
Maravilloso: incomprensible.
Marido: el que después de comer se encarga de los platos.
Matrimonio: estado o situación de una comunidad integrada por un amo, una ama, y dos esclavos,
                           que suman en total dos personas.
Mediar: meter baza.

N
Nariz: protuberancia del rostro humano, que comienza entre los ojos y termina en los asuntos ajenos.
Novia: mujer que tiene una hermosa y falsa perspectiva de tener un futuro feliz.

O
Occidente: parte del mundo que está al oeste o al este del oriente.
Olvido: don que concede Dios a los deudores, en compensación por la pérdida de sus conciencias.

P
Papi: padre a quien sus hijos vulgares no respetan.
Partidario: adherente insensato.
Paz: período de estafa entre dos períodos de guerra.
Pericardio: bolsa membranosa que cubre una multitud de pecados.
Plebiscito: voto popular para aprobar lo que quiere un soberano.
Poligamia: demasiado de algo bueno.

R
Razonar: pesar probabilidades en la balanza del deseo.
Reconsiderar: buscar justificativos para una decisión tomada.
Referendum: sistema por el que se propone al voto popular un proyecto de ley, con el fin de averiguar
                            qué significa la oposición pública.
Religión: hija de la esperanza y el miedo, que le explica a la ignorancia el misterio de lo incognoscible.
Ruin: la motivación de un competidor.

S
Sabiduría: clase de ignorancia que distingue al estudioso.
Saciedad: lo que uno siente después de vaciar el plato, señora...
Santo: pecador muerto, corregido y editado.
Senador: el mejor postor en el remate de votos.
Severa: crítica de un anciano envidioso de las locuras de la juventud.

T
Tedioso: el humor inglés.
Timar: decirle al pueblo soberano que si uno es elegido no robará.

U
Uno mismo: la persona más importante del universo.

V
Valor: el de reconocer que usted es un cobarde.
Vencer: fabricar un enemigo.
Verdad: ingenioso compuesto que combina lo deseable con lo aparente.

Tomado del "Diccionario del diablo"  (Valdemar ediciones 1996)
Ambrose Gwinnett Bierce  Ohio, EE.UU. 1842- 1914

                           
 

 

El momento más grave de la vida

Un hombre dijo:
-El momento más grave de mi vida estuvo en la batalla del Marne cuando fui herido en el pecho.
Otro hombre dijo:
-El momento más grave de mi vida, ocurrió en un maremoto de Yokohama, del cual salvé milagrosamente,
refugiado bajo el alero de una tienda de lacas.
Y otro hombre dijo:
-El momento más grave de mi vida acontece cuando duermo de día.
Y otro dijo:
-El momento más grave de mi vida ha estado en mi mayor soledad.
Y otro dijo:
-El momento más grave de mi vida fue mi prisión en una cárcel del Perú.
Y otro dijo:
-El momento más grave de mi vida es el haber sorprendido de perfil a mi padre.
Y el último hombre dijo:
-El momento más grave de mi vida no ha llegado todavía.

César Vallejo ( Perú, 1892-1938 )

 

El premio Nobel

La verdad es que todo escritor de este planeta llamado Tierra quiere alcanzar alguna vez el Premio Nobel, incluso los que no lo dicen y también los que lo niegan.

En América Latina, especialmente, los países tienen sus candidatos, planifican sus campañas, diseñan su estrategia. Esta ha perdido a algunos que merecieron recibirlo. Tal es el caso de Rómulo Gallegos. Su obra es grande y decorosa. Pero Venezuela es el país del petróleo, es decir el país de la plata, y por esa vía se propuso conseguírselo. Designó un embajador en Suecia que se fijó como suprema meta la obtención del premio para Gallegos. Prodigaba las invitaciones a comer; publicaba las obras de los académicos suecos en español, en imprentas del propio Estocolmo, todo lo cual ha debido parecer excesivo a los susceptibles y reservados académicos. Nunca se enteró Rómulo Gallegos de que la inmoderada eficacia de un embajador venezolano fue, tal vez, la circunstancia que lo privó de recibir un título literario que tanto merecía.

En Paris me contaron en cierta ocasión una historia triste ribeteada de humor cruel. En esta oportunidad se trataba de Paul Valéry. Su nombre se rumoreaba y se imprimía en Francia como el más firme candidato al Premio Nobel de aquel año. La misma mañana en que se discutía el veredicto en Estocolmo, buscando apaciguar el nerviosismo que le producía la inmediata noticia, Valéry salió muy temprano de su casa de campo, acompañado de su bastón y su perro.
Volvió de la excursión al mediodía, a la hora del almuerzo. Apenas abrió la puerta, preguntó a la secretaria:
-¿Hay alguna llamada telefónica?
-Sí, señor. hace pocos minutos lo llamaron de Estocolmo.
-¿Qué noticia le dieron? -dijo, ya manifestando abiertamente su emoción.
-Era una periodista sueca que quería saber su opinión sobre el movimiento emancipador de las mujeres.
El propio Valéry refería la anécdota con cierta ironía. Y la verdad es que tan grande poeta, tan impecable escritor, jamás obtuvo
el valioso premio.

Por lo que a mí concierne, deben reconocerme que fui muy precavido.
Desde que supe que mi nombre se mencionaba (y se mencionó no sé cuántas
veces) como candidato, decidí no volver a Suecia, país que me atrajo desde muchacho, cuando con Tomás Lago, nos erigimos en discípulos auténticos de un pastor excomulgado y borrachín llamado Gosta Berling. Además, estaba aburrido de ser mencionado cada año, sin que las cosas fueran más lejos. Ya me parecía irritante ver aparecer mi nombre en las competencias anuales, como si yo fuera un caballo de carrera. Por otro lado los chilenos, literarios o populares, se consideraban agredidos por la indiferencia de la academia sueca. Era una situación que colindaba peligrosamente con lo ridículo.
Finalmente, como todo el mundo lo sabe, me dieron el Premio Nobel, cuando yo me encontraba en Paris, en 1.971, recién llegado a cumplir mis tareas de embajador de Chile.

Pablo Neruda ( Chile, 1904-1973 )
Tomado de "Confieso que he vivido"

 

 

El silencio de las sirenas

Existen métodos insuficientes, casi pueriles, que también pueden servir para la salvación.
He aquí la prueba:
Para guardarse del canto de las sirenas, Ulises tapó sus oídos con cera y se hizo encadenar al mástil de la nave. Aunque todo el mundo sabía que este recurso era ineficaz, muchos navegantes podían haber hecho lo mismo, excepto aquellos que eran atraídos por las sirenas ya desde lejos. El canto de las sirenas lo traspasaba todo, la pasión de los seducidos habría hecho saltar prisiones mas fuertes que mástiles y cadenas. Ulises no pensó en eso, si bien quizá alguna vez, algo había llegado a sus oídos. Se confió por completo en aquel puñado de cera y en el manojo de cadenas. Contento con sus pequeñas estratagemas, navegó en pos de las sirenas con inocente alegría.
Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio. No sucedió en realidad, pero es probable que alguien se hubiera salvado alguna vez de sus cantos, aunque nunca de su silencio. Ningún sentimiento terreno puede equipararse a la vanidad de haberlas vencido mediante las propias fuerzas.
En efecto, las terribles seductoras no cantaron cuando pasó Ulises; tal vez porque creyeron que a aquel enemigo sólo podía herirlo el silencio, tal vez porque el espectáculo de felicidad en el rostro de Ulises, quien sólo pensaba en ceras y cadenas les hizo olvidar toda canción.
Ulises, (para expresarlo de alguna manera) no oyó el silencio. Estaba convencido de que ellas cantaban y que sólo él se hallaba a salvo. Fugazmente, vió primero las curvas de sus cuellos, la respiración profunda, los ojos llenos de lágrimas, los labios entreabiertos. Creía que todo era parte de la melodía que fluía sorda en torno de él. El espectáculo comenzó a desvanecerse pronto; las sirenas se esfumaron de su horizonte personal, y precisamente cuando se hallaba más próximo, ya no supo mas acerca de ellas.
Y ellas, más hermosas que nunca, se estiraban, se contoneaban. Desplegaban sus húmedas cabelleras al viento, abrían sus garras acariciando la roca. Ya no pretendían seducir, tan sólo querían atrapar por un momento más el fulgor de los grandes ojos de Ulises.
Si las sirenas hubieran tenido conciencia, habrían desaparecido aquel día. Pero ellas permanecieron y Ulises escapó.
La tradición añade un comentario a la historia. Se dice que Ulises era tan astuto, tan ladino, que incluso los dioses del destino eran incapaces de penetrar en su fuero interno. Por más que esto sea inconcebible para la mente humana, tal vez Ulises supo del silencio de las sirenas y tan sólo representó tamaña farsa para ellas y para los dioses, en cierta manera a modo de escudo

Franz Kafka, Praga, 1883 - Kierling, Austria, 1924
 

 

 

El verbo ser
Conozco la desesperación a grandes rasgos. La desesperación no tiene alas, no se sienta necesariamente a una mesa quitada en una terraza, de noche, a la orilla del mar. La desesperación es y no es el retorno de una serie de pequeños hechos como semillas que al caer la noche dejan un surco por otro. No es el musgo sobre una piedra o el vaso de beber. Es un barco plagado de nieve, si queréis, como los pájaros que mueren y su sangre no tiene el más mínimo espesor. Conozco la desesperación a grandes rasgos. Una forma muy pequeña, delimitada por joyas de pelo. Es la desesperación. Un collar de perlas para el que no se sabría encontrar broche y cuya existencia no pende siquiera de un hilo, eso es la desesperación. Del resto no hablemos. Acabaríamos por desesperarnos si comenzáramos. Yo desespero del tragaluz hacia las cuatro, desespero del abanico hacia las doce, desespero del cigarrillo de los condenados. Conozco la desesperación a grandes rasgos. La desesperación no tiene corazón, la mano permanece siempre ante la desesperación jadeando, ante la desesperación que los espejos jamás nos dicen si ha muerto. Vivo de esa desesperación que me encanta. Me gusta esa mosca azul que vuela por el cielo a la hora en que las estrellas canturrean. Conozco a grandes rasgos la desesperaci6n de los largos y frágiles asombros, la desesperaci6n de la soberbia, la desesperación de la ira. Me levanto todos los días como todo el mundo y extiendo los brazos sobre un papel de flores, no me acuerdo de nada, y siempre descubro con desesperaci6n los bellos árboles desarraigados de la noche. El aire de la habitaci6n es bello como unas baquetas de tambor. Forma un tiempo de tiempo. Conozco la desesperación a grandes rasgos. Es como el viento que me ayuda. ¡Se tendrá idea de semejante desesperación! ¡Fuego! Ah, vendrán otra vez... ¡Socorro! Helos ahí cayendo por la escalera... Y los anuncios de periódico, los letreros luminosos a lo largo del canal. A grandes rasgos la desesperación carece de importancia. Es un incordio de estrellas que de nuevo va a formar un día de menos, es un incordio de días de menos que de nuevo va a formar mi vida.

André Breton       ( Francia, 1896 - 1966 )
Versión en español de Manuel Álvarez Ortega




 

En primera persona
Gabriel García Márquez (Visión personal del Bill Clinton)

Lo primero que llama la atención de William Jefferson Clinton es su estatura: un metro con ochenta y siete centímetros.
Lo segundo es un poder de seducción que infunde desde el primer saludo una confianza de viejo conocido. Lo tercero es el fulgor de su inteligencia, que permite hablarle de cualquier asunto, por espinoso que sea, siempre que se le sepa plantear. Sin embargo, alguien que no le quiere me previno:
"Lo peligroso de esas virtudes es que Clinton las usa para que crean que nada le interesa tanto como lo
que uno le dice".

Lo conocí en una cena que el escritor William Styron ofreció en su casa veraniega de Marta's Vineyard en agosto de 1995. Clinton había dicho en la primera campaña presidencial que su libro favorito era Cien años de soledad. Yo dije y se publicó en su momento que aquella frase me parecía una simple carnada para el electorado latino. Él no lo pasó por alto: lo primero que me dijo después
de saludarme en Marta's Vineyard fue que su declaración había sido sincera.

Carlos Fuentes y yo tenemos razones para pensar que aquella noche vivimos un buen capítulo de nuestras memorias. Clinton nos desarmó desde el principio con el interés, el respeto y el sentido del humor con que trató cada una de nuestras palabras como si fueran oro en polvo. Su talante correspondía a su aspecto. Tenía el cabello cortado como un cepillo, la piel curtida y la salud casi insolente de un marinero en tierra, y llevaba una sudadera pueril con un crucigrama estampado en el pecho. Era, a sus cuarenta y nueve años, un sobreviviente glorioso de la generación del 68, que había fumado marihuana, cantaba de memoria a los Beatles y protestaba en las calles contra la guerra de Vietnam.
La cena empezó a las ocho y terminó a la media noche, con unos catorce invitados a la mesa, pero la conversación se redujo poco a poco a una suerte de torneo literario entre el presidente y los tres escritores. El primer tema fue la inminente reunión de la Cumbre de las Américas. Clinton quería que fuera en Miami, como lo fue en realidad. Carlos Fuentes pensaba que Nueva Orleans o Los Angeles tenían más créditos históricos, y él y yo los defendimos a fondo, hasta que se vio claro que el presidente no cambiaría de idea porque contaba con Miami para la reelección.

"Olvídese de los votos, señor presidente", le dijo Carlos Fuentes. "Pierda la Florida y gánese la historia".

La frase marcó el tono. Cuando hablamos del narcotráfico el presidente oyó mi opinión con oídos benévolos: "Los treinta millones de drogadictos de los Estados Unidos demuestran que las mafias norteamericanas son muchos más poderosas que las de Colombia y mucho más corruptas sus autoridades". Cuando le hablé de las relaciones con Cuba pareció aun más receptivo: "Si Fidel y usted pudieran sentarse a discutir cara a cara no quedaría ningún problema pendiente". Cuando hicimos un repaso espectral de América Latina supimos que su interés era mucho mayor de lo que suponíamos pero le faltaban datos esenciales. Cuando la charla amenazó con volverse demasiado formal le preguntamos por su película favorita y contestó que era High Noon (Solo ante el peligro),
de Fred Zinnemann, a quien había condecorado días antes en Londres. Cuando le preguntamos qué estaba leyendo lanzó un suspiro de alivio y mencionó un libro sobre las guerras económicas del futuro, cuyo título y autor no reconocí. "Mejor lea el Quijote",
le dije. "Ahí está todo".

La verdad es que ese libro único no se lee tanto como se dice, pero muy pocos admiten que no lo han leído. Clinton demostró con dos o tres frases que lo conocía muy bien. Entusiasmado, nos preguntó por nuestros libros preferidos. Styron le contestó que el suyo era "Huckleberry Finn" de Mark Twain. Yo hubiera escogido "Edipo rey" de Sófocles, que es mi libro de cabecera desde los veinte años, pero preferí "El Conde de Montecristo", sólo por razones técnicas que me costó mucho explicar. Clinton dijo que el suyo eran las "Meditaciones" de Marco Aurelio, y Carlos Fuentes no vaciló por "Absalón Absalón", sin duda alguna la novela estelar de William Faulkner, aunque otros preferimos "Luz de agosto" por gustos personales. Clinton, como homenaje a Faulkner, se puso entonces de pie y con largas zancadas alrededor de la mesa recitó de memoria el monólogo de Benji, que son las páginas más asombrosas pero también las más herméticas de "El sonido y la furia". Faulkner nos llevó a preguntarnos una vez más sobre las afinidades entre los escritores del Caribe y la pléyade de grandes novelistas del sur de los Estados Unidos. Nos parecieron más que lógicas, si tomábamos en cuenta que el Caribe no es en realidad un área geográfica, circunscrita al mar, sino un espacio histórico y cultural mucho más vasto, que abarca desde el norte del Brasil hasta la cuenca del Misisipí. Mark Twain, William Faulkner, John Steinbeck, y tantos otros, serían entonces tan caribes por derecho propio como Jorge Amado y Derek Walcott. Clinton -nacido y formado en la sureña Arkansas- celebró la ocurrencia y proclamó con alegría su propia filiación caribe.
Entonces iban a ser las doce de la noche, y tuvo que interrumpir la charla para contestar una llamada urgente de Gerry Adams, a quien autorizó desde aquel momento para recaudar fondos y hacer campaña en los Estados Unidos a favor de la paz en Irlanda del Norte. Éste debió de ser el final histórico para una noche inolvidable, pero Carlos Fuentes lo llevó más lejos cuando le preguntó al presidente a quiénes consideraba sus enemigos. La respuesta fue inmediata y brutal: "Mi único enemigo es el fundamentalismo religioso de derecha".

Dicho esto concluyó la cena. Las otras veces que lo vi, en privado o en público, me dejó la misma impresión que la primera: Bill Clinton era todo lo contrario de la idea que los latinoamericanos tenemos sobre los presidentes de los Estados Unidos.
Ahora bien: ¿sería justo que este raro ejemplar de la especie humana tuviera que malversar su destino histórico sólo porque no encontró un rincón seguro donde hacer el amor?

Pues ése es el caso: el hombre con más poder sobre la tierra no ha logrado consumar sus ardores secretos por el estorbo invisible de un servicio de seguridad que sirve mejor para impedir que para proteger. No hay cortinas en las ventanas de la Oficina Oval ni un cerrojo de caridad en el baño reservado a las obras mayores del presidente. El florero que se ve a sus espaldas en las fotografías de su escritorio ha sido denunciado por la prensa como un escondite de micrófonos para consagrar en documentos de estado los misterios de las audiencias. Más triste, sin embargo, es que el presidente sólo quiso hacer algo que el común de los hombres han hecho a escondidas de sus mujeres desde el principio del mundo, y la estolidez puritana no sólo impidió que lo hiciera sino que le negó hasta el derecho de negarlo.

La literatura de ficción la inventó Jonás cuando convenció a su mujer de que había vuelto a casa con tres días de retraso porque se lo había tragado una ballena. Amparado en esa argucia atávica, Clinton negó ante la justicia que hubiera tenido alguna relación sexual con Mónica Lewinsky, y lo negó con la cabeza en alto, como todo infiel que se respete. A fin de cuentas, su drama personal es un asunto doméstico entre él y Hillary, y ésta lo ha respaldado ante el mundo con una dignidad homérica.
Perfecto: una cosa es mentir para engañar y otra bien distinta es ocultar verdades para preservar esa instancia mítica del ser humano que es su vida privada. Con todo derecho: nadie está obligado a declarar contra sí mismo. De haber persistido en la negativa inicial, a Clinton lo habrían procesado de todos modos -pues de eso se trataba- pero es mucho más digno ser perjuro en defensa del fuero interno que ser absuelto contra el amor. Por desgracia, con la misma determinación con que negó la culpa la admitió más tarde, y siguió admitiéndola por todos los medios impresos, visuales y hablados hasta la humillación. Error mortal de un amante inconcluso cuya vida secreta no pasará a la historia por haber hecho mal el amor sino por haberlo vuelto todavía menos eterno de lo que suele ser. Llegó hasta el escarnio de someterse al sexo oral mientras hablaba por teléfono con un senador.
Se suplantó a sí mismo con un cigarro frígido. Apeló a toda clase de artificios elusivos para burlar a natura, pero cuanto más lo intentaba más motivos contra él encontraban sus inquisidores, pues el puritanismo es un vicio insaciable que se alimenta de su propia mierda. Ha sido una vasta y siniestra confabulación de fanáticos para la destrucción personal de un adversario político cuya grandeza no podían soportar. Y el método fue la utilización criminal de la justicia por un fiscal fundamentalista llamado Kenneth Starr, cuyos interrogatorios encarnizados y salaces parecían excitarlos hasta el orgasmo.

El Bill Clinton que encontramos hace cuatro meses en la cena de gala que ofreció al presidente Andrés Pastrana en la Casa Blanca, era un hombre distinto. Ya no era el universitario desprejuiciado de Marta's Vineyard, sino un convicto enflaquecido e incierto, que no lograba disimular con una sonrisa profesional el mismo cansancio orgánico que destruye a los aviones: la fatiga del metal.

Días antes, en una cena de periodistas con la señora Katherine Graham, la dama de oro del Washington Post, alguien había dicho que a juzgar por el juicio de Clinton, los Estados Unidos seguían siendo el país de Nathaniel Hawthorne. Aquella noche en la Casa Blanca lo entendí en carne viva. Se referían al gran novelista norteamericano del siglo anterior, que denunció en su obra los horrores del fundamentalismo en la Nueva Inglaterra, donde quemaron vivas a las brujas de Salem. Su novela capital, "La letra escarlata", es el drama de Hester Pryme, una joven casada que tuvo un hijo secreto de un hombre que no era el suyo.
Un Kenneth Starr de la época le impuso el castigo de llevar de por vida una camisa de penitente con la letra A del código puritano con el color y el olor de la sangre. Un agente del orden la seguía a todas partes con un tambor batiente para que los transeúntes se apartaran a su paso. El desenlace, por cierto, podría quitarle el sueño al fiscal Starr, pues el padre clandestino de la hija de Hester resultó ser el ministro del culto que la martirizó hasta la muerte.

La técnica y la moral del procedimiento fueron en esencia las mismas. Cuando los enemigos de Clinton no encontraron méritos para juzgarlo por lo que querían, lo acosaron con interrogatorios minados hasta que lo pillaron por aquí y por allá en trampas secundarias. Entonces lo forzaron a acusarse en público a sí mismo, y a arrepentirse incluso de lo que no había hecho, en vivo
y en directo, a través de una tecnología de la información universal que no es más que la versión trimilenaria de los tambores persecutorios de Hester Prynne. Por las preguntas del fiscal, capciosas y concupiscentes, hasta los niños de pecho se enteraron de las mentiras que sus padres les contaban para que no supieran cómo los habían hecho. Vencido por la fatiga del metal, Clinton llegó hasta la locura imperdonable de castigar a sangre y fuego a un enemigo inventado a cinco mil trescientas noventa y siete millas náuticas de la Casa Blanca, sólo para desviar la atención de su desgracia personal. Tony Morrison, Premio Nobel de Literatura y gran escritora de este siglo agonizante, lo resumió con una plumada genial: "Lo trataron como a un presidente negro".

Gabriel García Márquez     ( Colombia, 1928 )
Premio Nobel de Literatura 1982
 

 

Epitafios con humor

Los epitafios, esas inscripciones que se escriben en las lápidas de las tumbas, pueden dar mucho juego, desde el clásico y minimalista R.I.P. a algunos que son auténticos ejercicios de ingenio.
Se expone a continuación una extensa colección de ellos. Se han seleccionado los que de alguna manera pueden resultar originales, curiosos, llamativos, graciosos, etc.
La mayor parte de ellos han aparecido en periódicos y revistas como ciertos. Otros son de algunos humoristas españoles y los menos son inventados.
¡Que nunca muera el humor!

-En la tumba de Groucho Marx: "Disculpe que no me levante, señora".

-En una tumba del cementerio de Salamanca: "Con amor de todos tus hijos, menos Ricardo que no dio nada".

-En la tumba de Oscar Welles: "No es que yo fuera superior, es que los demás eran inferiores".

-Lo escribió un marido en la tumba de su suegra: "Aquí yaces y yaces bien, tú descansas y yo también".

-En la tumba de Miguel de Unamuno: "Solo le pido a Dios que tenga piedad con el alma de este ateo".

-En una tumba del cementerio de Guadalajara: "A mi marido, fallecido después de un año de matrimonio.
  Su esposa, con profundo agradecimiento".

-Necesité toda una vida para llegar hasta aquí".

-En la tumba de Johann Sebastián Bach: "Desde aquí no se me ocurre ninguna fuga".

-Lo escribió el marido en la tumba de la esposa: "Pronto estaré contigo". Tras morir el marido, un conocido, al ver las fechas tan
  distantes de fallecimiento, escribió debajo: "Creí que no venías".

-Un marido en la tumba de su suegra: "Tanta paz encuentres, como tranquilidad me dejas".

-En el cementerio de la Almudena de Madrid: "Aquí estoy con lo puesto, y no pago los impuestos".

-Lo escribió en la lápida unos días antes de morir: "Os dije que estaba enfermo".

-En Viareggio, en la tumba del célebre transformista Leopoldo Fregoli, fallecido en 1936:
  "Aquí Leopoldo Fregoli llevó a cabo su última transformación."

-En el cementerio de Minnesotta: "Fallecido por la voluntad de Dios y la ayuda de un médico imbécil."

-Sobre una lápida del cementerio municipal de Detroit: "Aquí yace Joseph Barth, cuya vida fue breve, pero plena de alegría,
  gracias a su fiel compañera, Angélica que a la edad de veinticinco años escondió su dolor en el 7 de Elmer Street,
  Teléfono 2-13-18-15".

-Ya os decía yo que este médico no era de fiar.

-Lo escribió un marido sobre la tumba de su mujer: "Aquí yace mi mujer, fría como siempre".

-Lo escribió una mujer sobre la tumba de su marido:"Aquí yace mi marido, al fin rígido".

-"Dejadme en paz".

-En una tumba de un cementerio de Paria: "Luisa C. (1835-1867), ven pronto a mi lado". Debajo: "Vengo enseguida. Pedro, (1831-1907). Es decir al cabo de cuarenta años.

-En la tumba de una ancianita en el cementerio de Ithaca (EE.UU). "En la tierra yo era coja y sin
  bastón, ahora me encuentro bien sin operación".

-En una lápida mortuoria de California: "Aquí yace Jane Smith, esposa de Thomas Smith,
  marmolista. Este monumento fue erigido por su esposo en memoria suya y como modelo. Sólo cuesta trescientos dólares".

-Lo escribió un marido en la tumba de su suegra: "Señor, recíbela con la misma alegría que yo te la mando".

-En la tumba de Amin Dadá: "¡Como me levante...!"

-Lo escribió un marido en la tumba de su suegra: "RIP, RIP, ¡HURRA!

-Inscripción en la puerta de un cementerio catalán:"Levantaos, vagos, que la tierra es para quien la trabaja".

-En un cementerio de un pueblo de Ávila: "Aquí yace Isabelita, que por ser tan buena y no querer, se fue para la otra vida con muy
  poquito placer."

-En otro cementerio de otro pueblo de Ávila: "A los 9 días cansado de vivir ha subido al cielo Pepin."

-En un cementerio de Middlebury,  en una lápida erigida por la suegra al yerno: "Descansa hasta que volvamos a encontrarnos".

-Aquí yace Mariana que murió 30 días antes de ser condenada".

-En la tumba del marido: "La próxima vez te haré caso".

-En la tumba de un médico:"Aquí yace uno por quien yacen muchos en este lugar".

-En la tumba de un ludópata en lugar de R.I.P. ponía: "GAME OVER".

-En la tumba de Miguel Gila, podría estar este: "Es la muerte?...que se ponga".

-En la tumba de una fea, fea, feísima: "Al fin polvo".

-Aquí yacen Bill Smith y cuatro balas del calibre 44".

-En el cementerio de la Almudena de Madrid: "Aquí yacen los polvos de mi querida, que los tuvo maravillosos en su vida".

-En San Salvador en la matrícula de un monumento coronado por un automóvil destrozado: "Esto significa: alcohol, velocidad y distracción.

-Epitafio de un fumador: "Fumar adelgaza".

Tomado de: "El Progreso"  Lugo, España.

 

 

Es que somos muy pobres
Aquí todo va de mal en peor. La semana pasada se murió mi tía Jacinta, y el sábado, cuando ya la habíamos enterrado y comenzaba a bajársenos la tristeza, comenzó a llover como nunca. A mi papá eso le dio coraje, porque toda la cosecha de cebada estaba asoleándose en el solar. Y el aguacero llegó de repente, en grandes olas de agua, sin darnos tiempo ni siquiera a esconder aunque fuera un manojo; lo único que pudimos hacer, todos los de mi casa, fue estarnos arrimados debajo del tejaván, viendo cómo el agua fría que caía del cielo quemaba aquella cebada amarilla tan recién cortada.

Y apenas ayer, cuando mi hermana Tacha acababa de cumplir doce años, supimos que la vaca que mi papá le regaló para el día de su santo se la había llevado el río.
El río comenzó a crecer hace tres noches, a eso de la madrugada. Yo estaba muy dormido y, sin embargo, el estruendo que traía el río al arrastrarse me hizo despertar en seguida y pegar el brinco de la cama con mi cobija en la mano, como si hubiera creído que se estaba derrumbando el techo de mi casa. Pero después me volví a dormir, porque reconocí el sonido del río y porque ese sonido se fue haciendo igual hasta traerme otra vez el sueño.
Cuando me levanté, la mañana estaba llena de nublazones y parecía que había seguido lloviendo sin parar. Se notaba en que el ruido del río era más fuerte y se oía más cerca. Se olía, como se huele una quemazón, el olor a podrido del agua revuelta.
A la hora en que me fui a asomar, el río ya había perdido sus orillas. Iba subiendo poco a poco por la calle real, y estaba metiéndose a toda prisa en la casa de esa mujer que le dicen la Tambora. El chapaleo del agua se oía al entrar por el corral y al salir en grandes chorros por la puerta. La Tambora iba y venía caminando por lo que era ya un pedazo de río, echando a la calle sus gallinas para que se fueran a esconder a algún lugar donde no les llegara la corriente.
Y por el otro lado, por donde está el recodo, el río se debía de haber llevado, quién sabe desde cuándo, el tamarindo que estaba en el solar de mi tía Jacinta, porque ahora ya no se ve ningún tamarindo. Era el único que había en el pueblo, y por eso nomás la gente se da cuenta de que la creciente esta que vemos es la más grande de todas las que ha bajado el río en muchos años.
Mi hermana y yo volvimos a ir por la tarde a mirar aquel amontonadero de agua que cada vez se hace más espesa y oscura y que pasa ya muy por encima de donde debe estar el puente. Allí nos estuvimos horas y horas sin cansarnos viendo la cosa aquella. Después nos subimos por la barranca, porque queríamos oír bien lo que decía la gente, pues abajo, junto al río, hay un gran ruidazal y sólo se ven las bocas de muchos que se abren y se cierran y como que quieren decir algo; pero no se oye nada. Por eso nos subimos por la barranca, donde también hay gente mirando el río y contando los perjuicios que ha hecho. Allí fue donde supimos que el río se había llevado a la Serpentina la vaca esa que era de mi hermana Tacha porque mi papá se la regaló para el día de su cumpleaños y que tenía una oreja blanca y otra colorada y muy bonitos ojos.
No acabo de saber por qué se le ocurriría a La Serpentina pasar el río este, cuando sabía que no era el mismo río que ella conocía de a diario. La Serpentina nunca fue tan atarantada. Lo más seguro es que ha de haber venido dormida para dejarse matar así nomás por nomás. A mí muchas veces me tocó despertarla cuando le abría la puerta del corral porque si no, de su cuenta, allí se hubiera estado el día entero con los ojos cerrados, bien quieta y suspirando, como se oye suspirar a las vacas cuando duermen.
Y aquí ha de haber sucedido eso de que se durmió. Tal vez se le ocurrió despertar al sentir que el agua pesada le golpeaba las costillas. Tal vez entonces se asustó y trató de regresar; pero al volverse se encontró entreverada y acalambrada entre aquella agua negra y dura como tierra corrediza. Tal vez bramó pidiendo que le ayudaran. Bramó como sólo Dios sabe cómo.
Yo le pregunté a un señor que vio cuando la arrastraba el río si no había visto también al becerrito que andaba con ella. Pero el hombre dijo que no sabía si lo había visto. Sólo dijo que la vaca manchada pasó patas arriba muy cerquita de donde él, estaba y que allí dio una voltereta y luego no volvió a ver ni los cuernos ni las patas ni ninguna señal de vaca. Por el río rodaban muchos troncos de árboles con todo y raíces y él estaba muy ocupado en sacar leña, de modo que no podía fijarse si eran animales o troncos los que arrastraba.
Nomás por eso, no sabemos si el becerro está vivo, o si se fue detrás de su madre río abajo. Si así fue, que Dios los ampare a los dos.
La apuración que tienen en mi casa es lo que pueda suceder el día de mañana, ahora que mi hermana Tacha se quedó sin nada. Porque mi papá con muchos trabajos había conseguido a la Serpentina, desde que era una vaquilla, para dársela a mi hermana, con el fin de que ella tuviera un capitalito y no se fuera a ir de piruja como lo hicieron mis otras dos hermanas, las más grandes.
Según mi papá, ellas se habían echado a perder porque éramos muy pobres en mi casa y ellas eran muy retobadas. Desde chiquillas ya eran rezongonas. Y tan luego que crecieron les dio por andar con hombres de lo peor, que les enseñaron cosas malas. Ellas aprendieron pronto y entendían muy bien los chiflidos, cuando las llamaban a altas horas de la noche. Después salían hasta de día. Iban cada rato por agua al río y a veces, cuando uno menos se lo esperaba, allí estaban en el corral, revolcándose en el suelo, todas encueradas y cada una con un hombre trepado encima.
Entonces mi papá las corrió a las dos. Primero les aguantó todo lo que pudo; pero más tarde ya no pudo aguantarlas más y les dio carrera para la calle. Ellas se fueron para Ayutla o no sé para dónde; pero andan de pirujas.
Por eso le entra la mortificación a mi papá, ahora por la Tacha, que no quiere vaya a resultar como sus otras dos hermanas, al sentir que se quedó muy pobre viendo la falta de su vaca, viendo que ya no va a tener con qué entretenerse mientras le da por crecer y pueda casarse con un hombre bueno, que la pueda querer para siempre. Y eso ahora va a estar difícil. Con la vaca era distinto, pues no hubiera faltado quien se hiciera el ánimo de casarse con ella, sólo por llevarse también aquella vaca tan bonita.
La única esperanza que nos queda es que el becerro esté todavía vivo. Ojalá no se le haya ocurrido pasar el río detrás de su madre. Porque si así fue, mi hermana Tacha está tantito así de retirado de hacerse piruja. Y mamá no quiere.
Mi mamá no sabe por qué Dios la ha castigado tanto al darle unas hijas de ese modo, cuando en su familia, desde su abuela para acá, nunca ha habido gente mala. Todos fueron criados en el temor de Dios y eran muy obedientes y no le cometían irreverencias a nadie. Todos fueron por el estilo. Quién sabe de dónde les vendría a ese par de hijas suyas aquel mal ejemplo. Ella no se acuerda. Le da vueltas a todos sus recuerdos y no ve claro dónde estuvo su mal o el pecado de nacerle una hija tras otra con la misma mala costumbre. No se acuerda. Y cada vez que piensa en ellas, llora y dice: "Que Dios las ampare a las dos."
Pero mi papá alega que aquello ya no tiene remedio. La peligrosa es la que queda aquí, la Tacha, que va como palo de ocote crece y crece y que ya tiene unos comienzos de senos que prometen ser como los de sus hermanas: puntiagudos y altos y medio alborotados para llamar la atención.
-Sí -dice-, le llenará los ojos a cualquiera dondequiera que la vean. Y acabará mal; como que estoy viendo que acabará mal.
Ésa es la mortificación de mi papá.
Y Tacha llora al sentir que su vaca no volverá porque se la ha matado el río. Está aquí a mi lado, con su vestido color de rosa, mirando el río desde la barranca y sin dejar de llorar. Por su cara corren chorretes de agua sucia como si el río se hubiera metido dentro de ella.
Yo la abrazo tratando de consolarla, pero ella no entiende. Llora con más ganas. De su boca sale un ruido semejante al que se arrastra por las orillas del río, que la hace temblar y sacudirse todita, y, mientras, la creciente sigue subiendo. El sabor a podrido que viene de allá salpica la cara mojada de Tacha y los dos pechitos de ella se mueven de arriba abajo, sin parar, como si de repente comenzaran a hincharse para empezar a trabajar por su perdición.

JUAN RULFO        (México, 1918 - 1986 )

 

 

Frases bien dichas


Calorías: "Pequeños bichos inescrupulosos y desgraciados que viven en nuestros armarios y que durante la noche se dedican a coser y a achicar nuestras ropas".
     Albert Einstein
Promoción: "Cosas inservibles a precios irresistibles".
      Carolina Berrío

"Nunca me volví a casar, porque no tuve necesidad de ello. En casa tengo tres animales que hacen la misma función de un marido: tengo un perro que refunfuña todas las mañanas, un loro que dice barbaridades toda la tarde y un gato que llega tarde todas las noches"...
     Marie Corelli, novelista.

"Antes del matrimonio, un hombre se pasará la noche sin dormir pensando en algo que dijiste; después del matrimonio, se queda dormido antes de que termines de decirlo"...
     Helen Rowland, escritora
"Muchas personas que piensan que el divorcio es el remedio ideal para todo, descubren, cuando lo prueban, que el remedio es peor que la enfermedad"...
     Dorothy Dix, feminista

"La única vez en que una mujer tiene éxito en cambiar a un hombre es cuando le cambia los pañales, cuando todavía es un bebé"...
     Natalie Wood, actriz
"Las mujeres son tan jóvenes como sus rodillas"...
     Mary Quant, diseñadora
"Seré una autócrata; ese es mi negocio, y que Dios me perdone; ese es el negocio de Él"...
     Catalina de Rusia
"Cuando las mujeres están deprimidas, se ponen a comer o se van de compras. Los hombres, cuando se deprimen, invaden otro país. Es una manera diferente de pensar"...
     Elayne Boosler, comedianta

 

 

El sueño de Bismark    (Fantasía)

Arthur Rimbaud
(Tomado en su totalidad de BBC de Londres, 23 de mayo de 2008)

   Un cineasta francés descubrió, por azar, un texto desconocido de uno de los más influyentes poetas del siglo XIX, Arthur Rimbaud.
El cineasta, Patrick Taliercio, de 32 años, encontró el documento en Charleville, la ciudad del norte de Francia donde Rimbaud nació en 1854.
Taliercio, quien está realizando un documental sobre el poeta, buscaba información en una librería de viejo cuando el dueño, François Quinart, le mostró tres ejemplares del periódico Le Progrès des Ardennes.
En uno de ellos, del 25 de noviembre de 1870, que el cineasta compró por 30 euros, aparecía un artículo titulado "El sueño de Bismarck (Fantasía)" firmado por un tal Jean Baudry.
Taliercio sabía que ése era uno de los pseudónimos de Rimbaud.

Poemas rechazados

Rimbaud escribió el texto cuando tenía 16 años de edad.
Paul Verlaine  dijo que Rimbaud era "un poeta maldito".
Los especialistas sabían que él había tratado de que le publicaran poemas en Le Progrès des Ardennes, que habían sido rechazados.
Pero hasta ahora se desconocía que hubiera aparecido este texto del "poeta maldito" que, poco después, sorprendería al mundo con "El barco ebrio" (1871), "Una temporada en el infierno" (1873) e "Iluminaciones" (1874).
Rimbaud tomó el pseudónimo de la comedia "Jean Baudry", de Auguste Vacquerie, un amigo cercano de Víctor Hugo.
El texto, que incluye algunas frases en italiano, como "Hi! povero!" (¡El pobre!), se centra en el primer ministro de Prusia, Otto Eduard Leopold von Bismarck, en un momento en que las tropas de Napoleón III estaban sitiadas durante la guerra franco-prusiana.
De hecho, tal vez Rimbaud nunca supo que el artículo se publicó porque, un mes después, la imprenta de Le Progrès des Ardennes fue destruida por el fuego enemigo.

BBC Mundo a continuación le ofrece la que creemos que es la primera traducción al español de este texto, realizada por nuestro colega Manuel Toledo.

La traducción trata de respetar el peculiar uso de los signos de puntuación de Rimbaud.

Al frente, aparece el original en francés.

 

 

Frases célebres

"Existen dos mundos: El primero es el mío, el segundo es el verdadero".
     Sabahudin Hadzialic ( Bosnia, 1960 )
"Un matrimonio feliz es una larga conversación que siempre parece demasiado corta."
     André Maurois

"La amistad es más difícil y más rara que el amor. Por eso, hay que salvarla como sea."
     Samuel Becket

"Es difícil saber quien nos hace las peores jugadas, si los enemigos con las peores intenciones
 o los amigos con las mejores."
     Lord Lytton

"La felicidad es darse cuenta que nada es demasiado importante."
     Bernard Shaw
"El que tiene un porqué para vivir sabe soportar el cómo."
     Schopenhauer

"La vida es maravillosa si no se le tiene miedo."
     Charles Chaplin

"Pensar no hace daño."
     Giovannino Guareschi

"La imaginación sirve para viajar y cuesta menos."
     Curtis George William

"Divorciarse sólo porque no amas a un hombre es casi tan necio como casarse porque lo amas."
     Zsa Zsa Gabor

"El fracaso es la oportunidad de empezar de nuevo, más inteligentemente."
     Henry Ford

"Si para salvar la vida de un enfermo se pueden donar los órganos, para salvar la vida de quien muere de hambre,
¿no se podrían donar las proteínas? "
     Anónimo
"Sólo los grandes hombres pueden tener grandes defectos."
     François de la Rochefoucauld
"Nadie es tan grande que no pueda aprender, ni tan pequeño que no pueda enseñar."
     Pindaro

"El secreto de la felicidad es caer en las tentaciones."
     Oscar Wilde

"Los hombres no serán virtuosos si no se les permite ser viciosos."
     Frank Meyer

"El sexo es una de las nueve razones para reencarnar... Las ocho restantes no tienen importancia."
     Henry Miller

"Mientras menos tenemos, más damos. Parece absurdo, pero ésta es la lógica del amor."
     Madre Teresa di Calcutta

"No doy limosnas. No soy bastante pobre para darlas."
     Friedrich Wilhelm Nietzsche

"Siempre me han sorprendido las vueltas absurdas que tienen que dar los ríos para poder pasar
por debajo de todos los puentes."
     Beppe Grillo
"La causa principal de los divorcios es el matrimonio."
     Groucho Marx (Julius Henry Marx)
"Como cuerpo cada uno es individual, como alma, jamás."
     Hermann Hesse

"Los viejos lo creen todo, los adultos todo lo sospechan, mientras que los jóvenes todo lo saben."
Oscar Wilde

"El recuerdo de la alegría ya no es alegría; el recuerdo del dolor sigue siendo dolor."
     Lord Byron

"Si amas lo que haces, nunca será un trabajo."
     Confucio

"Si tienes miedo de la soledad, no te cases."
     Anton Chekhov

"¿También en el deporte hay que convivir con la mafia? "
     Aviso publicado en "Le Monde"

"El secreto del éxito es la sinceridad. ¡Si logras fingirla, ya lo lograste!"
     Arthur Bloch

"Las personas que no se ríen nunca, no son serias."
     Dac Pierre

"Cuidado con lo que deseas porque de pronto lo consigues".
     Bernard Shaw

"Si vives bastante, verás que toda victoria se convierte en derrota."
     Simone de Beauvoir

"Lo irritante del amor es que se trata de un crimen para el que hace falta un cómplice."
     Charles Baudelaire

"Feliz aquel que no espera gratitud, porque no será desilusionado."
     José Zorrilla

"Amor es lo que queda en una relación cuando se ha prescindido de todo el egoísmo."
     Cullen Hightower

"La confidencia corrompe la amistad, el mucho contacto la consume, el respeto la conserva."
     Confucio

"¿Qué es un envidioso? Un ingrato que detesta la luz que le alumbra y le calienta."
     Victor Hugo

"Ten tus ojos abiertos antes del matrimonio, y medio cerrados después de que te cases."
     Benjamin Franklin
"Si deseas saborear tu virtud, peca de vez en cuando".
     Ugo Ojetti      

"Un hombre bueno es inteligente, y uno malo es, además, imbécil".
     Jorge Luis Borges    

"Son muchas las cosas que se tirarían si no fuera por el temor de que otro las pueda recoger".
     Oscar Wilde   

"Podemos detenernos cuando subimos, pero nunca cuando descendemos".
     Napoléon Bonaparte    

"Siempre hay un modo correcto y un modo equivocado, el modo equivocado siempre parece más razonable".
     George Moore   

"A menudo se deja en paz a quien ha producido el incendio y se castiga a quien ha dado la alarma".
     Nicolas de Chamfort   

"Los demás no te dejarán vivir como deseas, pero si eres lo suficientemente ágil y fuerte, al menos no deberás vivir
como ellos desean".
     Andrew H. Vachss  

"No vemos nunca lo que ya se ha hecho sino lo que queda por hacer".
     Marie Curie   
"Al siglo veinte se le puede perdonar todo, incluso las dos guerras mundiales y las sucesivas, incluso los desfiles de moda
y las carreras de fórmula uno, pero no el pecado de haber sacrificado el cinematógrafo
a la televisión".
     Luigi Pintor   

"No puedo vivir con alguien que no pueda vivir sin mí".
     Nadine Gordimer   

"Si he escrito esta carta tan larga, ha sido porque no he tenido tiempo para hacerla más corta".
     Blaise Pascal    

"No tengo tiempo para tener prisa".
     John Wesley  

"Los que escriben como hablan, por bien que hablen, escriben muy mal".
     Georges-Louis Leclerc, Comte de Buffon    

"Un hombre es infeliz cuando no sabe que es feliz".
     Fedor Michailovich Dostoevski   

"Muchos serían cobardes si tuvieran suficiente valentía".
     Thomas Fuller    

"Morir es tremendo, pero la idea de tener que morir sin haber vivido es insoportable":
     Erich Fromm    

"No hay dos personas que lean el mismo libro".
     Edmund Wilson   

"No hay nada repartido más equitativamente que la razón: todos están convencidos de tener suficiente".
     René Descartes    

"No puedo tener ningún tipo de consideración con los traductores, porque si comenzara a tenerla acabaría escribiendo
una lengua global y plana, inodora e insípida".
     Günter Grass

"Vive, si quieres, en el mismo barrio que tu rival, en la misma calle que tu adversario, bajo el mismo techo que tu enemigo;
pero procura vivir siempre lejos de un amigo íntimo".
      Laurent Jahn

"A veces la distancia hace más querida la amistad, y la ausencia la hace más dulce".
     J. Howell

"Personas de tu intimidad tendrás muchas, pero guardadores de tu secreto habrá una entre mil ".
     Biblia, Siracida 6

"Un amigo es una persona con la que se puede pensar en voz alta".
     Emerson

"En el amor, la constancia es necesaria; la fidelidad es un lujo".
     Massimo D'Azeglio

"Es preciso parecerse un poco para comprenderse, pero se necesita ser un poco diferentes para amarse".
     Paul Géraldy

"Pobre amor al que la fantasía deja de hacerle compañía".
     A. Graf

Si llevas a cabo una acción vergonzosa, no esperes mantenerla oculta. Aunque lograras esconderla para los demás,
tu conciencia sabría dónde está".
     Isocrates

"Es preferible molestar con la verdad, que complacer con adulaciones".
     Seneca

"Cuando se es feliz no se debe pretender ser más feliz".
     Fontane

"No te fíes de la máscara de quien te muestra el rostro demasiado descubierto".
     F. Pananti

"Frágil es el recuerdo de los beneficios; tenaz el de las injurias".
     Seneca

"El hombre perdona y olvida; la mujer solamente perdona".
     F.Gerafault

"Nada se olvida más despacio que una ofensa; y nada, más rápido que un favor".
     Martin Luther King

"La meta es el olvido. Yo he llegado antes".
     Jorge Luis Borges

"Asegúrate de colocar tus pies en el sitio correcto; luego mantente firme".
     Abraham Lincoln

" El amor es la unión de dos soledades que se respetan".
     Rainer Maria Rilke

"Las personas son como la luna: siempre tienen un lado oscuro que no enseñan a nadie".
     Mark Twain

"El que no imagina es como el que no suda: almacena veneno".
     Truman Capote

"El hombre ama poco y a menudo, la mujer mucho y raramente".
     Jan Bast

"No desperdicies lágrimas frescas sobre penas antiguas".
     Euripides

    

 

Gol de Nilton

     Fue en el mundial del 58. Brasil iba ganando 1 a 0 contra Austria.
Al comienzo del segundo tiempo, avanzó desde su campo Nilton Santos, el hombre clave de la defensa brasileña, llamado la Enciclopedia por lo mucho que sabía de fútbol. Nilton abandonó la retaguardia, pasó la línea central, eludió a un par de rivales y siguió camino. El técnico brasileño, Vicente Feola, corría también por la orilla de la cancha, pero del lado de afuera. Sudando a mares, gritaba: -¡Vuelve, vuelve! Y Nilton, imperturbable, continuaba su carrera hacia el área rival. El gordo Feola, desesperado, se agarraba la cabeza, pero Nilton no pasó la pelota a ningún delantero: hizo la jugada él, solito, y la culminó con un golazo.
Entonces Feola, feliz, comentó:   -¿Vieron? ¿No les dije? ¡Este sí que sabe!

Eduardo Galeano ( Uruguay, 1940 )
Tomado de "El fútbol a sol y sombra"

 


Gol de Puskas

     Fue en 1.961. El Real Madrid enfrentaba, en su cancha, al Atlético de Madrid.
No bien comenzó el partido, Ferenk Puskas metió un gol bis, como había hecho Zizinho en el mundial del 50.
El atacante húngaro del Real Madrid ejecutó una falta, al borde del área, y la pelota entró. Pero el árbitro se acercó a Puskas,
que festejaba con los brazos en alto: -Lo lamento, -se disculpó-, pero yo no había pitado.
Y Puskas volvió a tirar. Disparó de zurda, como antes, y la pelota hizo exactamente el mismo recorrido: pasó como bala de cañón sobre las mismas cabezas de los mismos jugadores de la barrera y se coló, como el gol anulado, por el ángulo izquierdo de la meta de Madinabeytia, que saltó igual que antes y no pudo, como antes, ni rozarla.

Eduardo Galeano ( Uruguay, 1940 )
Tomado de "El fútbol a sol y sombra".

 

 

Grafittis

Soy imbatible. (El huevo duro)

Soy la mejor en la cama. (La Bella durmiente)

Estoy lleno de problemas. (Un libro de matemáticas)

Me paso todo el día en la red. (La merluza)

¡Alguien que me ayude a parar un taxi! (La Venus de Milo)

La gallina es un animal extremadamente peligroso. (La lombriz)

Mi amor, no puedo vivir sin voz. (Pavarotti)

Después de mí... fa. (Beethoven)

No se si soy claro... (Steve Wonder)

Mi tiempo vale. (Un aparcadero)

Me quedé dormido y al otro día amanecí duro. (El pan)

¡Qué curvas! (Schumaher)

Me enferma la gente que no da la cara. (Anónimo)

Nosotras apoyamos la liberación femenina. (Cárcel de Mujeres)

Viaje con nosotros... lo trataremos como a una vaca.   (Aerolíneas de la India)

Yo empecé comiéndome las uñas. (La Venus de Milo)

Me encanta ir a la escuela. (Un piojo)

Hemos batido al enemigo. (Moulinex)

Cada día la tengo más clara. (Michael Jackson)

Estoy en todas las paredes. (Un moco)

Estoy encinta. (Scotch)

Yo tengo un pasado negro. (Michael Jackson)

Se me rompió el despertador! (La bella durmiente)

Vayamos al grano! (Un dermatólogo)

¡Santa María!, qué pinta tiene la niña. (Cristóbal Colón)

Es mejor dar que recibir. (Un boxeador)

Mi mamá es una arrastrada. (Una culebra)

Devuélvanme mi capa! (Ozono)

Unidos venceremos! (Los ladrillos de la pared)

Que despelote! (Un eunuco)

Tengo complejo de Freud. (Edipo)

Creo en la reencarnación. (Una uña)

Mi marido se vive yendo por las ramas. (La esposa de Tarzán)

Vi luz y subí. (El medidor)

Voy y vuelvo. (Un boomerang)

A mí no me la hacen dos veces. (Un pañal desechable)

Cuando te fuiste me dejaste un sabor amargo en la boca. (Mónica Lewinski)

!Venganzaaaa..!! (Un ganso)

Mi mamá es una rata. (Mickey)

Estoy rodeado de animales. (Noé)

La mano viene movida. (Parkinson)

Nunca pude estudiar derecho. (El Jorobado de NotreDame)

Las horas se me pasan volando. (Piloto de Aerolíneas)

El SIDA es envidioso. (El cáncer)

Mamá, lo sé todo!  (El pequeño Larousse Ilustrado)

Seamos claros. (Un albino)

No hay que perder la cabeza! (María Antonieta)

Gracias por el fuego. (Juana de Arco) 

Mi esposa tiene un buen físico. (Albert Einstein)

Vamos por partes. (Jack el destripador)

Mi novia es una perra. (Pluto)

¡Basta de mentiras! (Pinocho)

 


Grave problema argentino :

Usted se reirá, pero es uno de los problemas argentinos más difíciles de resolver. Dado nuestro carácter (problema central que dejamos por esta vez a los  sociólogos) el encabezamiento de las cartas plantea existen las sirenas fotos reales dificultades hasta ahora insuperables. Concretamente, cuando un escritor tiene que escribirle a un colega de quien no es amigo personal, y ha de combinar la cortesía con la verdad, ahí empieza el crujir de plumas. Usted es novelista y tiene que escribirle a otro novelista; usted es poeta, e ídem; usted es cuentista. Toma una hermosa hoja de papel, y pone: "Señor Oscar Frumento, Garabato 1787, Buenos Aires." Deja un buen espacio (las cartas ventiladas son más elegantes) y se dispone a empezar.

No tiene ninguna confianza con Frumento; no es amigo de Frumento; él es novelista y usted también; en realidad usted es mejor novelista que él, pero no cabe duda de que él piensa lo contrario. A un señor que es un colega pero no un amigo no se le puede decir: "Querido Frumento". No se le puede decir por la sencilla razón de que usted no lo quiere a Frumento. Ponerle querido es casi lascivo, en todo caso una mentira que Frumento recibirá con una sonrisa tetánica. La gran solución argentina parece ser, en esos casos, escribir: "Estimado Frumento". Es más distante, más objetivo, prueba un sentimiento cordial y un reconocimiento de valores. Pero si usted le escribe a Frumento para anunciarle que por paquete postal le envía su último libro, y en el libro ha puesto una dedicatoria en la que se habla de admiración ( es de lo que más se habla en las dedicatorias ), ¿cómo lo va a tratar de estimado en la carta? Estimado es un término que rezuma indiferencia, oficina, balance anual, desalojo, ruptura de relaciones, cuenta del gas, cuota del sastre. Usted piensa desesperadamente en una alternativa y no la encuentra; en la Argentina somos queridos o estimados y sanseacabó.

Hubo una época ( yo era joven y usaba rancho de paja ) en que muchas cartas empezaban directamente después del lugar y la fecha; el otro día encontré una, muy amarillita la pobre, y me pareció un monstruo, una abominación. ¿Cómo le vamos a escribir sin identificarlo ( Frumento ) y luego calificarlo ( querido/ estimado )? Se comprende que el sistema de mensaje directo haya caído en desuso o quede reservado únicamente para esas cartas que empiezan que empiezan: "Un canalla como usted, etc.", o "Le doy 3 días para abonar el alquiler", cosas así.

Más se piensa, menos se ve la posibilidad de una tercera posición entre querido y estimado; de algo hay que tratarlo a Frumento, y lo primero es mucho y lo segundo "frigidaire". Variantes como " apreciado" y "distinguido" quedan descartadas por tilingas y cursis. Si uno lo llama "maestro" a Frumento, es capaz de creer que le está tomando el pelo. Por más vueltas que le demos, se vuelve a caer en querido o estimado. Che, ¿no se podría inventar otra cosa?

Los argentinos necesitamos que nos desalmidonen un poco, que nos enseñen a escribir con naturalidad: "Pibe Frumento, gracias por tu último libro", o con afecto: "Ñato, qué novela te mandaste", o con distancia pero sinceramente: "Hermano, con las oportunidades que había en la fruticultura", entradas en materia que concilien la veracidad con la llaneza. Pero será difícil, porque todos nosotros somos estimados o queridos, y así nos va.


Julio Córtazar ( Argentina, 1914-1984 )
Tomado de "La vuelta al día en ochenta mundos"

 

 

Insectíada

Pertenecemos a una triste especie de insectos, dominada por el apogeo de las hembras vigorosas, sanguinarias y terriblemente escasas. Por cada una de ellas hay veinte machos débiles y dolientes.
Vivimos en fuga constante. Las hembras van tras de nosotros, y nosotros, razones de seguridad, abandonamos todo alimento
a sus mandíbulas insaciables.
Pero la estación amorosa cambia el orden de las cosas. Ellas despiden irresistible aroma. Y las seguimos enervados hacia una muerte segura. Detrás de cada hembra perfumada hay una hilera de machos suplicantes.
El espectáculo se inicia cuando la hembra percibe un número suficiente de candidatos. Uno a uno saltamos sobre ella. Con rápido movimiento esquiva el ataque y despedaza al galán. Cuando está ocupada en devorarlo, se arroja un nuevo aspirante.
Y así hasta el final. La unión se consuma con el último superviviente, cuando la hembra, fatigada y relativamente harta, apenas tiene fuerza para decapitar al macho que la cabalga, obsesionado en su goce.
Queda adormecida largo tiempo, triunfadora en su campo de mortales despojos. Después cuelga del árbol inmediato un grueso cartucho de huevos. De allí nacerá otra vez la muchedumbre de sus víctimas, con su infalible dotación de verdugos.

Juan José Arreola, México, 1918- 2001   (De Bestiario 1972)

 

 

Instrucciones para dar cuerda a un reloj
 
Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire.
No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora
de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo,
que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que
te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

Julio Cortázar, Cuentos Completos 1996.

 


 

La chilena

Ramón Unzaga inventó la jugada, en la cancha del puerto chileno de Talcahuano: con el cuerpo en el aire, de espaldas al suelo, las piernas disparaban la pelota hacia atrás, en un repentino vaivén de hojas de tijera.
Pero esta acrobacia se llamó "la chilena" unos cuantos años después, en 1.927, cuando el club Colo-Colo viajó a Europa, y el delantero David Arellano la exhibió en los estadios de España. Los periodistas españoles celebraron el esplendor de la desconocida cabriola, y la bautizaron así porque de Chile había venido, con las fresas y la cueca.
Después de varios goles volanderos, Arellano murió en aquel año, en el estadio de Valladolid, por un encontronazo fatal con un zaguero.

Eduardo Galeano ( Uruguay, 1940 )
Tomado de " Fútbol a sol y sombra "

 


La forma de ver el mundo

Cinco judíos cambiaron la forma de ver y definir el mundo:

Moisés dijo: La ley es todo.

Jesús dijo: El amor es todo.
Marx dijo: El dinero es todo.

Freud dijo: El sexo es todo.
Einstein dijo: Todo es relativo.

Traducción de Bruno Kampel
 

 

Las relaciones peligrosas

        No es la soledad la mejor compañera para salir de la soledad pero, a veces, sólo por la soledad se deja de estar solo. El barullo siempre es una indelicadeza consigo mismo. La compañía inconveniente es la compañía molesta, aunque no se perciba hasta que no pasa algún tiempo. No importa la edad, ni el sexo, ni la belleza para la conveniencia. La inconveniencia puede provocarse por mil motivos que se resumen en uno: la falta de coherencia personal.
        Los habitantes de la casa habían vivido momentos felices, sabedores de la compañía enriquecedora y satisfactoria. Por eso, cuando la coherencia vuelve esporádicamente a sus vidas, saben apreciarla.
Pero no se habla ahora de las compañías convenientes, sino de las inconvenientes, que no suelen en su llegada descubrirse como tales, sino que se declaran por sorpresa, como una revelación, como un grito de fuera que llegase. Luego se manifiestan los misterios y muchas verdades, o todas, aunque la razón reafirme la intuición repentina.

Jorge Urrutia       (España,  1945)

Tomado de  "El mar o la impostura" (Visor Libros 2004)

 

 

La Naturaleza de la Realidad

Diálogo entre Rabindranath Tagore y el profesor Albert Einstein, en la tarde del 14 de julio de 1930, en la residencia del profesor Einstein en Kaputh, Berlín.


Einstein: ¿Cree usted en lo divino aislado del mundo?

Tagore:   Aislado no. La infinita personalidad del Hombre incluye el Universo. No puede haber
                   nada que no sea clasificado por la personalidad humana, lo cual prueba que la verdad del Universo es una verdad humana. He elegido un hecho científico para explicarlo. La materia está compuesta de protones y electrones, con espacios entre sí, pero la materia parece sólida sin los enlaces interespaciales que unifican a los electrones y protones individuales. De igual modo, la humanidad está compuesta de individuos conectados por la relación humana, que confiere su unidad al mundo del hombre. Todo el universo está unido a nosotros, en tanto que individuos, de modo similar. Es un universo humano. He seguido la trayectoria de esta idea en arte, en literatura y en la conciencia religiosa humana.

Einstein: Existen dos concepciones distintas sobre la naturaleza del Universo:
                   El mundo como unidad dependiente de la humanidad, y
                   El mundo como realidad independiente del factor humano
Tagore:   Cuando nuestro universo está en armonía con el hombre eterno, lo conocemos como
                   verdad, lo aprehendemos como belleza.

Einstein: Esta es una concepción del universo puramente humana.
Tagore:   No puede haber otra. Este mundo es un mundo humano, y la visión científica es también
                   la del hombre científico. Por lo tanto, el mundo separado de nosotros no existe; es un mundo relativo que depende,
para su realidad, de nuestra conciencia. Hay cierta medida de razón y de gozo que le confiere certidumbre, la medida del Hombre Eterno cuyas experiencias están contenidas en nuestras experiencias.

Einstein: Esto es una concepción de entidad humana.
Tagore:   Sí, una entidad eterna. Tenemos que aprehenderla a través de nuestras emociones y
                   acciones. Aprehendimos al Hombre Eterno que no tiene limitaciones individuales mediadas por nuestras limitaciones.
La ciencia se ocupa de lo que no está restringido al individuo; es el mundo humano impersonal de verdades. La religión concibe esas verdades y las vincula a nuestras necesidades más íntimas, nuestra conciencia individual de la verdad cobra significación universal. La religión aplica valores a la verdad, y sabemos, conocemos la bondad de la verdad merced a nuestra armonía con ella.

Einstein: Entonces, la Verdad, o la Belleza, ¿no son independientes del hombre?
Tagore:   No

Einstein: Si no existiera el hombre, el Apolo de Belvedere ya no sería bello.
Tagore:   No

Einstein: Estoy de acuerdo con esta concepción de la Belleza, pero no con la de la Verdad.
Tagore:   ¿Por qué no? La verdad se concibe a través del hombre.

Einstein: No puedo demostrar que mi concepción es correcta, pero es mi religión.
Tagore:   La belleza es el ideal de la perfecta armonía que existe en el Ser Universal; y la Verdad, la
                  comprensión perfecta de la mente universal. Nosotros, en tanto que individuos, no accedemos a ella sino a través de nuestros propios errores y desatinos, a través de nuestras experiencias acumuladas, a través de nuestra conciencia iluminada; ¿cómo si no, conoceríamos la verdad la Verdad?

Einstein: No puedo de mostrar que la verdad científica deba concebirse como verdad válida
                   independientemente de la humanidad, pero lo creo firmemente. Creo, por ejemplo, que el teorema de Pitágoras en geometría afirma algo que es aproximadamente verdad, independientemente de la existencia del hombre. De cualquier modo, si existe una realidad independiente del hombre, también hay una verdad relativa a esta realidad; y, del mismo modo, la negación de aquella engendra la negación de la existencia de ésta.
Tagore:   La verdad, que es una con el Ser Universal, debe ser esencialmente humana, si no
                   aquello que los individuos conciban como verdad no puede llamarse verdad, al menos en el caso de la verdad denominada científica y a la que sólo puede accederse mediante un proceso de lógica, es decir, por medio de un órgano reflexivo que es exclusivamente humano. Según la filosofía hindú, existe Brahma, la Verdad absoluta, que no puede concebirse por la mente individual aislada, ni descrita en palabras, y sólo es concebible mediante la absoluta integración del individuo en su infinitud. Pero es una verdad que no puede asumir la ciencia. La naturaleza de la verdad que estamos discutiendo es una apariencia - es decir, lo que aparece como Verdad a la mente humana y que, por tanto, es humano, se llama maya o ilusión.

Einstein: Luego, según su concepción, que es la concepción hindú, no es la ilusión del individuo,
                   sino de toda la humanidad...
Tagore:   En ciencia, aplicamos la disciplina para ir eliminando las limitaciones personales de
                   nuestras mentes individuales y, de este modo acceder a la comprensión de la Verdad que es la mente del Hombre Universal.

Einstein: El problema se plantea en si la Verdad es independiente de nuestra conciencia.
Tagore:   Lo que llamamos verdad radica en la armonía racional entre los aspectos subjetivos y
                   objetivos de la realidad, ambos pertenecientes al hombre supra-personal.

Einstein: Incluso en nuestra vida cotidiana, nos vemos impelidos a atribuir una realidad
                   independiente del hombre a los objetos que utilizamos. Lo hacemos para relacionar las experiencias de nuestros sentidos de un modo razonable. Aunque, por ejemplo, no haya nadie en esta casa, la mesa sigue estando en su sitio.
Tagore:   Sí, permanece fuera de la mente individual, pero no de la mente universal. La mesa que
                   percibo es perceptible por el mismo tipo de conciencia que poseo.
Einstein: Nuestro punto de vista natural respecto a la existencia de la verdad al margen del factor
                   humano, no puede explicarse ni demostrarse, pero es una creencia que todos tenemos, incluso los seres primitivos. Atribuimos a la Verdad una objetividad sobrehumana, nos es indispensable esta realidad que es independiente de nuestra existencia, de nuestras experiencias y de nuestra mente, aunque no podamos decir qué significa.
Tagore:  La ciencia ha demostrado que la mesa, en tanto que objeto sólido, es una apariencia y
                  que, por lo tanto, lo que la mente humana percibe en forma de mesa no existiría si no existiera esta mente. Al mismo tiempo, hay que admitir que el hecho de que la realidad física última de la mesa no sea más que una multitud de centros individuales de fuerza eléctricas en movimiento es potestad también de la mente humana. En la aprehensión de la verdad existe un eterno conflicto entre la mente universal humana y la misma mente circunscrita al individuo. El perpetuo proceso de reconciliación lo llevan a cabo la ciencia, la filosofía y la ética. En cualquier caso, si hubiera alguna verdad totalmente desvinculada de la humanidad, para nosotros sería totalmente inexistente. No es difícil imaginar una mente en la que la secuencia de las cosas no sucede en el espacio, sino sólo en el tiempo, como la secuencia de las notas musicales. Para tal mente la concepción de la realidad es semejante a la realidad musical en la que la geometría pitagórica carece de sentido. Está la realidad del papel, infinitamente distinta a la realidad de la literatura. Para el tipo de mente identificada a la polilla, que devora este papel, la literatura no existe para nada; sin embargo, para la mente humana, la literatura tiene mucho mayor valor que el papel en sí. De igual manera, si hubiera alguna verdad sin relación sensorial o racional con la mente humana, seguiría siendo inexistente mientras sigamos siendo seres humanos.

Einstein: ¡Entonces, yo soy más religioso que usted!
Tagore:   Mi religión es la reconciliación del Hombre Suprapersonal, el espíritu humano Universal y mi propio ser individual. Ha sido el tema de mis conferencias en Hibbert bajo el título de "La religión del hombre".

Publicado por primera vez en el diario "Modern Review" de Calcuta en 1931

Tomado de "Gaceta Literaria Universitaria" N°48, México 2003

 

 

Las "Voces" de Antonio Porchia  

Selección

1.   Mi pobreza no es total: falto yo.

2.   Si no levantas los ojos, creerás que eres el punto más alto.
3.    No hallé como quién ser, en ninguno. Y me quedé, así: como ninguno.

4.    El mal de no creer es creer un poco.
5.    Sé que no tienes nada. Por ello te pido todo. Para que tengas todo.
6.    Vengo de morirme, no de haber nacido. De haber nacido me voy.
7.    Dios mío, casi no he creído nunca en ti, pero siempre te he amado.
8.    Si yo fuese como una roca y no como una nube, mi pensar, que es
        como el viento, me abandonaría.
9.    Quien perdona todo ha debido perdonarse todo.
10.  Me hicieron de cien años algunos minutos que se quedaron conmigo,
         no cien años.
11.  Se vive con la esperanza de llegar a ser un recuerdo.
12.  Casi no he tocado el barro y soy de barro.

13.  Se pueden tender puentes para salvar vacíos, pero no en un total
        vacío como tu total vacío.
14.  Cuando no me hago daño, temo hacer daño.

15.  En la calle, nada más que la calle, y en tu casa, nada. Ni la calle.
16.  Estoy tan poco en mí, que lo que hacen de mí, casi no me interesa.
17.  Donde hemos puesto algo, siempre creemos que hay algo, aunque no
         haya nada.
18.  Hombres y cosas, suben, bajan, se alejan, se acercan. Todo es una
        comedia de distancias.
19.  ¿Es tanto lo que no sé? ¿Y cómo? ¿Es que alguna vez habré sabido
        tanto, que es tanto lo que no sé?
20.  Si pudiera dejar todo como está, sin mover ni una estrella, ni una
         nube. ¡Ah, si pudiera!
21.  Las certidumbres sólo se alcanzan con los pies.

22.  El hombre, cuando sabe que es una cosa cómica, no ríe.
23.  En mi silencio sólo falta mi voz.

24.  En todas partes mi lado es el izquierdo. Nací de ese lado.
25.  No me hables. Quiero estar contigo.

26.  Cuando me llaman «mío», no soy nadie.
27.  Hasta el más pequeño de los seres lleva un sol en los ojos.
28.  Para librarme de lo que vivo, vivo.

29.  Si eres bueno con éste, con aquél, éste, aquél dirán que eres bueno.
         Si eres bueno con todos, nadie dirá que eres bueno.

30.  Para los que mueren, esta tierra es lo mismo que la más lejana estrella.
         No debiera preocuparnos tanto lo que sucede... en la más lejana estrella.

31.  Cuanto vuelve, no vuelve todo, ni aun volviendo todo.
32.  He perdido doble, porque también he ganado.

33.  Quien hace un paraíso de su pan, de su hambre hace un infierno.
34.  Mi alma tiene todas las edades, menos una: la de mi cuerpo.
35.  Y si es tan veloz el cambiar de las cosas, cuando vemos las cosas no
         vemos las cosas. Vemos el cambiar de las cosas.

36.  Los sí y los no son eternidades que duran momentos.
37.  La piedra que tomo en mis manos absorbe un poco de mi sangre y
         palpita.
38.  Solamente donde puedo estar todo siento que está todo. Y a veces hasta
         en nada puedo estar todo. Y a veces ni en todo puedo estar todo.

39.  Comprendo que la mentira es engaño y la verdad no. Pero a mí me
         han engañado las dos.
40.  Todas las cosas pronuncian nombres.

41.  Cuando las estrellas bajan, ¡qué triste es bajar los ojos para verlas!
42.  Me iré de ti, pero tú no te vayas de mí. Porque me iré de ti como me
         voy de todo, sin que nada se vaya de mí.
43.  Esos muy diminutos seres que viven un corto momento, sabemos que
         viven un corto momento, pero no sabemos si viven cien largos años
         en el corto momento que viven.
Antonio Porchia   ( Argentina, 1886 - 1968 )

 

 

Leyes de Murphy

A las corbatas nuevas les encanta la sopa.

La probabilidad de que la tostada caiga con la mantequilla hacia abajo es directamente proporcional
al precio de la alfombra..

Cuando todo falle, lea las instrucciones.

Una partícula que se desplaza, buscará el ojo más próximo.

Cuando repase sus apuntes antes de un examen, se dará cuenta de que lo más importante es ilegible.

La otra cola es más rápida, si cambia de cola, la que acaba de dejar empezará a avanzar más deprisa que la nueva.

En cuanto la azafata sirve el café, el avión entra en zona de turbulencias.

Si no fuera por el último minuto, no se haría nada.

El que no quiere jugar es el que gana todas las manos.

Existen dos tipos de esparadrapo: el que no se pega y el que no puede despegarse.

Un experto es aquel que sabe cada vez más sobre menos cosas.

No discuta nunca con un tonto porque la gente no apreciará la diferencia.

Si todo lo que tiene es un martillo, cualquier cosa que vea le parecerá un clavo.

Siempre es más fácil hacerlo de la forma más difícil.

Cuando parece que ya nada puede ir peor, empeora.

Cuando a usted se le ocurra la solución ideal, alguien habrá resuelto ya el problema.

La pieza que precise algún ajuste será la menos accesible.

La forma más rápida de encontrar algo es empezar a buscar otra cosa.

El que ronca es el que se duerme primero.

El día que uno vendería su alma a cualquier precio, sobran almas.

El rayón del disco compacto siempre está en su canción favorita.

Los amigos van y vienen, pero los enemigos se amontonan.

Si durante un partido cambia de un canal a otro para no ver los anuncios, en el segundo canal también habrá anuncios.

Una medicina es una sustancia que, cuando se inyecta a una rata, produce un informe científico.

El libro por el que acaba de pagar 20 dólares saldrá mañana en edición de bolsillo.

Si es bueno, dejan de fabricarlo.

La probabilidad de encontrarse con algún conocido, aumenta cuando se está en compañía de alguien con quien usted
no quiere que lo vean.

Si usted ayuda a un amigo en problemas, con toda seguridad él se acordará de usted... la próxima vez que esté en dificultades.

Los barros sólo aparecen en el rostro una hora antes de la cita.

La mayoría de las personas se merecen la una a la otra.

El que ronca es el que duerme primero.

Un experto es cualquiera que no sea de la ciudad.

La corrupción del gobierno se informa siempre en tiempo pasado.

Servir café en un avión, causa turbulencia.

Cuando se viaja al extranjero, el tipo de cambio mejora al día siguiente de que uno ha comprado moneda extranjera.

Entre más enredada esté su cuerda de pescar, mejor será la pesca a su alrededor.

En igualdad de condiciones usted siempre perderá.

Si el zapato le queda perfecto, es muy feo.

La duración de un minuto depende de qué lado de la puerta del baño esté uno.

Si sólo hay dos programas que valga la pena ver, serán a la misma hora.

La solución de un problema reside en encontrar quien lo resuelva.

Los que viven más cerca llegan más tarde.

Cuando un político tiene una idea, por lo general está equivocado.

El único momento en que se puede tener certeza, es cuando se tiene la certeza de estar equivocado.

Si todo lo que tiene es un martillo, todo se parece a un clavo.

Nada es tan fácil como parece, ni tan difícil como explica el manual.   

Todo lleva mas tiempo que todo el tiempo que usted tiene disponible.  

Si usted consigue mantener la calma mientras a su alrededor todos están perdiendo la suya, probablemente usted no entiende
la gravedad de la situación.  

Cualquier esfuerzo por agarrar un objeto en caída libre, provocará mas destrucción que dejar caer el objeto naturalmente.  

El modo mas rápido de encontrar una cosa, es buscar otra.   

Cuando marque números de teléfono equivocados, nunca estarán ocupados.  

El 8O% del examen final estará basado en la única clase que usted perdió... o en el único libro que no leyó.  

Una persona saludable es aquella que no fue suficientemente examinada por los médicos.    

Si usted tiene bolígrafo, no tendrá papel, si tiene papel, no tendrá bolígrafo.   

Todo cuerpo sumergido en una bañadera, hará sonar el teléfono.  

Sólo sabe la profundidad del pozo quien cae en él.   

Especialista: Persona que sabe cada vez más sobre cada vez menos.  

Superespecialista: El que sabe absolutamente todo sobre absolutamente nada.

Si al comprar un objeto tiene escrito "Tamaño único", es porque no sirve para ningún tamaño.  

Existen dos tipos de tela adhesiva: la que no pega y la que no sale.  

 

 

Los siete pecados capitales:

Lujuria
"Si queréis gustar a las mujeres, decidles lo que no os gustaría que dijesen a la vuestra".
     Jules Rinard

"Las pasiones de los jóvenes son los vicios de los viejos".
     Joubert

"Ser el primer amante de una mujer no significa nada, es preciso ser su último amante; ahí está todo".
     Maurice Donnay

"La bigamia consiste en tener una mujer de más; por otra parte, la monogamia también...".
     Henri Amoroso

"La cadena del matrimonio es tan pesada de llevar que son precisos dos, y a veces tres, para llevarla".
     Balzac

"Existe un minuto en que todas las mujeres se parecen: cuando caen".
     Henry Amoroso

"Mi mujer respiraba honestidad, pero se le cortaba la respiración"
     Labiche

"El semimundo es el escalón donde la mujer que baja se encuentra con la que sube".
     Jules Rinard

"El divorcio es, quizá, el momento en que la mujer desea obtener la custodia del dinero".
     Montherland

"Los hombres no son fieles, sólo prudentes".
     Sacha Guitry

"La unión libre es aquella de la que se es más esclavo".
     Guide

"El estado matrimonial recibe el nombre de santo porque cuenta con muchos mártires".
     Fliegende Bläter

"Una amante le da a su amado todo lo que le niega a su marido".
     Balzac

Un marido engañado decía: "Lo que más me exaspera es saber que ese señor ahora sabe con qué me contento...."
     Anónimo

"Cuando una mujer de mundo dice "no", significa "quizá", y cuando dice "quizá", quiere decir "sí". Cuando dice "sí",
ya no es una mujer de mundo".
     Henri Amoroso

Epitafio en el cementerio de un pueblito:
"Tras esta losa fría
yace la esposa mía,
si ella descansa en paz
yo descanso mucho más".


Orgullo

"Reconocer complacidamente los propios errores, es a menudo la mejor forma de evitar la obligación de repararlos".
     Andre Gide

"Hablo mucho por temor a escuchar..."
     Rivarol

"Los hombres poseen la voluntad de ser serviciales hasta cuando disponen del poder".
     Vauvenargues

"Pedimos consejo sin confesar que la decisión ya está tomada".
     Montherland

"La gloria es una amante caprichosa: lo exige todo y no perdona nada".
     Charles de Gaulle

"Aquí yace X...., el único puesto que no ha solicitado.
     Renard

Decía un calvo: "En la cima de las cumbres, nunca hay vegetación".

"Lo que llamamos liberalidad no es, por lo general, sino la vanidad de dar".
     La Rochefoucauld


Avaricia

"Es muy sencillo, los negocios son el dinero de los demás".
     Deteuf

"Mi amor, soy tan pobre como Job, pero menos paciente...
     Alain

"En el entierro de un rico hay mucho dinero y poco dolor".
     Guitry

"Allí donde se reúnen los buitres, ha muerto un animal".

"No se les puede llamar ladrones, sino que hacen traslados...".
     Jules Rinard

Encerrad en una habitación bien cerrada a diez amigos íntimos y decidles que hay diez millones para el que sobreviva... ¡Ya veréis!"
     Courtline

"No se pierde un amigo por negarle dinero, sino más bien por habérselo dado".
     Shopenhauer

"No sé lo que es la conciencia de un canalla, pero sé lo que es la conciencia de un hombre honrado: es horrible".
     Abel Hermant

Envidia

"Conozco personas que se jactan de su generosidad, para ocultar su envidia".
     La Bruyere

"Los envidiosos morirán; pero la envidia, nunca".
     Moliere

"Escuchad, conozco la envidia y la impostura disfrazadas de amistad".
     Voltaire

"Cada uno brilla a los ojos de algunos otros con un brillo falso; cada uno es envidiado cuando es
así mismo envidioso".
     Fontenelle

"Pretendes ser celoso y no eres sino envidioso; esta equivocación ocurre con frecuencia".
     Genlis

"Fulano os ama, dice; no lo creáis, miente.
Os dicen que os odian, creedlo a ciegas".
     Dufreney

"Los egoístas y los envidiosos se disfrazan a menudo con una capa de generosidad".
     Selden

Gula

"No, no, no, gracias, esta noche no.....Sólo fumo cuando he cenado bien".
     Jules Renard

En el banquete familiar, la primera copa se bebe a la salud, la segunda al placer, la tercera al exceso, la última a la locura.
     Pensamiento griego

"Cómo queréis gobernar un país que tiene doscientas cuarenta y seis variedades de quesos?".
     De Gaulle

"La hora perfecta para comer; para el rico, cuando tiene ganas, y para el pobre, cuando tiene medios".
     Vélez

Ira

"La ira es un gran viento que apaga la llama de la inteligencia".
     Fenelon

"En amor se empieza con nombres de flores y se acaba con nombres de animales".
     Gide

"Una carta anónima es una carta que se tira al cesto....después de haberla leído".
     Deteuf

Con la última querella se apaga la primera llama del amor conyugal".
     Lacordaire

"Siempre hay que dejar que transcurra la noche sobre la injuria de la víspera".
     Napoleon

"Burgués es una de esas palabras anfibias que son o un elogio o una injuria, según la persona
que se sirve de ella y la forma como la pronuncia".
     Henri Amoroso

"Cuando se tiene ictericia, se ve todo amarillo"
     Renard

"¡Boticelli no es un vino, pedazo de idiota! Boticelli es un queso...
     Sacha Guitry

"Nació idiota y ha sufrido varias recaídas...".
     Baër

"Caerán de tan bajo que su caída ni les hará daño".
     Anatole France

Pereza

"¿La pereza? Es el hábito de descansar antes de la fatiga".
     Tristan

"La pereza me agota..."
     Jules Renard

"La pereza es madre, tiene un hijo: el robo, y una hija: el hambre".
     Victor Hugo

"Aquí debajo yace y reposa quien nunca hizo otra cosa".
     Sacha Guitry

"La médula más exquisita se encuentra en el hueso más duro".
     Sertillanges

"Si para ganar dos veces más, es preciso trabajar dos veces más, no veo dónde está el beneficio".
     Camus

 

 

Madrigales
Música de Monteverdi

Ahi! Cara e dolce lingua!
1 -El placer
Qué bien qué vapuleo qué bahía o rasguño transparente qué cintura vibrátil y cieno convertido en bestia pura Qué cuchara o saliva (se hace la boca agua) qué limpia artillería qué aderezo qué vientre sibilino qué cometa inicial y final evohé de tantos siglos Qué incienso (o cielo inmenso) qué victoria qué sangre derramada (víctimas inocentes) qué potro y qué culpables qué diosa y qué pujanza qué invención de galopes (apenas iniciados) Qué alborada qué pasmo qué inocencia qué espina  Qué mágico ascendiente qué descendencia nula qué aplicación de ceros qué gracia de infinitos... Qué labio no ultrajado qué perdón qué anagoge qué logaritmo rosa perdurable qué perfección de sábanas Qué tragedia (o puñales pudorosos) qué punta o aguijón qué prueba o expulsión del paraíso qué pasillos perdidos que además qué no hay más que fingimiento y fallos de verdad (todo cabe  en el instante) qué alfombra extenuada

2- Morir de amor

Silenciemos el muro la pared amorosa y sin pensar lancemos nuestros brazos hacia la servidumbre de un pozo de influencia negativa

Recitemos las sílabas sobrantes de rodillas dibujadas en la hierba lisa esplendor genuino que acierta con sus pájaros cruzando las horas más cargadas de ambición al revés y aburrimiento

No digamos palabras oscuras suficientes que puedan descifrar las clavijas de un sueño o cancionero donde un cuerpo desnudo resulta inevitable

Quedémonos aparte en rincones poderosos y aislados de carne y universo rincones inmorales con eterna dicción  de polvo recogido en las bombillas apagadas

Derrochemos el agua que resbala y aprende la ignorancia certera de mozuela que esquiva todas las proyecciones de familia arrugada con su eficaz primicia de nana y corazón
Dejémonos morir de almenas indefensas situando el placer en el lugar profundo que dará nacimiento a una estrofa final encuadernada en plata de pequeños mosaicos

Luis Felipe Vivanco, España, 1907 - 1975
Tomado de "Prosas Propicias", Ed. Plaza y Janés, Barcelona, 1976

 


 

Mañana es la única utopía   (José Saramago)
Frecuentemente me preguntan que cuántos años tengo...
¡Qué importa eso!
Tengo la edad que quiero y siento.
La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso.
Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso, o lo desconocido.
Tengo la experiencia de los años vividos y la fuerza de la
convicción de mis deseos.
¡Qué importa cuántos años tengo!
No quiero pensar en ello.
Unos dicen que ya soy viejo y otros que estoy en el apogeo.
Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice, sino lo
que mi corazón siente y mi cerebro dicte.
Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso, para hacer
lo que quiero, para reconocer yerros viejos, rectificar caminos
y atesorar éxitos.
Ahora no tienen por qué decir: Eres muy joven, no lo lograrás.
Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, pero
con el interés de seguir creciendo.
Tengo los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos, y las ilusiones
se convierten en esperanza.
Tengo los años en que el amor, a veces es una loca llamarada, ansiosa de consumirse
en el fuego de una pasión deseada.
Y otras en un remanso de paz, como el atardecer en la playa.
¿Qué cuántos años tengo? No necesito con un número marcar, pues
mis anhelos alcanzados, mis triunfos obtenidos, las lágrimas que por el camino
derramé al ver mis ilusiones rotas... valen mucho más que eso.
¡Qué importa si cumplo veinte, cuarenta, o sesenta!
Lo que importa es la edad que siento.
Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.
Para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida
y la fuerza de mis anhelos.
¿Qué cuantos años tengo? ¡Eso a quién le importa!
Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento.

José Saramago  Portugal, 1922 - 2010

 

Me encanta Dios

Me encanta Dios. Es un viejo magnífico que no se toma en serio. A él le gusta jugar y juega, y a veces se le pasa la mano
y nos rompe una pierna o nos aplasta definitivamente. Pero esto sucede porque es un poco cegatón y bastante torpe de manos.

Nos ha enviado algunos tipos excepcionales como Buda, o Cristo, o Mahoma, o mi tía Chofi, para que nos digan que nos portemos bien. Pero esto a él no le preocupa mucho: nos conoce. Sabe que el pez grande se traga al chico, que la lagartija grande se traga a la pequeña, que el hombre se traga al hombre. Y por eso inventó la muerte: para que la vida -no tú ni yo-, la vida, sea para siempre.

Ahora los científicos salen con su teoría del Big Bang....Pero ¿qué importa si el universo se expande interminablemente o se contrae? Esto es asunto sólo para agencias de viajes.

A mí me encanta Dios. Ha puesto orden en las galaxias y distribuye bien el tránsito en el camino de las hormigas. Y es tan juguetón y travieso, que el otro día descubrí que ha hecho -frente al ataque de los antibióticos- ¡bacterias mutantes!

Viejo sabio o niño explorador, cuando deja de jugar con sus soldaditos de plomo de carne y hueso, hace campos de flores o pinta el cielo de manera increíble.

Mueve una mano y hace el mar, y mueve otra y hace el bosque. Y cuando pasa por encima de nosotros, quedan las nubes, pedazos de su aliento.

Dicen que a veces se enfurece y hace terremotos y manda tormentas, caudales de fuego, vientos desatados, aguas alevosas, castigos y desastres. Pero esto es mentira. Es la tierra que cambia -se agita y crece- cuando Dios se aleja.

Dios siempre está de buen humor. Por eso es el preferido de mis padres, el escogido de mis hijos, el más cercano de mis hermanos, la mujer más amada, el perrito y la pulga, la piedra más antigua, el pétalo más tierno, el aroma más dulce, la noche insondable,
el borboteo de la luz, el manantial que soy.

A mí me gusta, a mí me encanta Dios. Que Dios bendiga a Dios.

Jaime Sabines ( México, 1926-1999 )

 


Metamorfosis del mal

Otoño; negro caminar por el lindero del bosque; minuto de silenciosa destrucción; al asedio del leproso bajo el árbol desnudo. Tarde vivida, que ahora muere sobre gradas de musgo; en noviembre. Suena una campana y el pastor guía una manada de caballos negros y rojos a la aldea. Entre los avellanos el verde cazador desolla un venado. Sus manos humean de sangre y bajo el follaje la sombra parda y silenciosa del animal suspira en los ojos del hombre. Tres cornejas se dispersan. Su vuelo semeja una sonata, llena de acordes marchitos y ruda melancolía; quedamente se disuelve una nube de oro. Los muchachos encienden un fuego en el molino. El hermano del más pálido llama y aquel ríe sumido en su cabellera purpúrea; tal vez sea el lugar de un crimen por donde pasa de largo un camino de piedras: los bérberos han desaparecido, bajo los pinos algo sueña todo el año en el aire de plomo; angustia, verde oscuridad, el grito de un ahogado: en el estanque  estrellado un hombre captura un pez gigante, negro; su rostro se llena de crueldad y delirio. Se escuchan las voces del cañaveral mezcladas con las de algunos combatientes y el pescador se balancea en su roja barca por las grises aguas del otoño evocando las sombrías leyendas de su estirpe, mientras sus ojos abiertos se petrifican sobre tinieblas y virginales apariciones. El mal.

¿Que te obliga a callar en los derruidos escalones de la casa paterna? Negrura de plomo. ¿Que alzas ante los ojos con tu mano de plata para que los párpados desciendan como ebrios de blanca amapola? A través del muro de piedra ves el cielo estrellado, la Vía Láctea, Saturno; rojo. El árbol desnudo castiga furioso al muro de piedra. Sobre derruidas gradas, tú: ¡árbol, estrella, piedra! Tú, un animal azul, que tiembla levemente; tú, el pálido sacerdote que lo sacrifica en el negro altar. Es triste y maligna tu sonrisa en la oscuridad, como un niño que palidece en su sueño. Una llama roja huyó de tu mano y una mariposa nocturna ardió en ella. Oh, la flauta de la luz; oh, la flauta de la muerte. ¿Qué te obligó a callar en los derruidos escalones de la casa paterna? Abajo, en la puerta, golpea un ángel con dedos de cristal.

Oh, el infierno del sueño; oscuro sendero, pardo jardín. En la tarde azul irrumpe la figura del muerto. Verdes flores giran para mirarlo pero él ha sido despojado de su rostro y se inclina pálido sobre la fría frente de su asesino en lo oscuro del recinto; adoración, llama púrpura de la voluptuosidad. Y el durmiente, moribundo, se precipitó sobre las gradas de la oscuridad.

Alguien te abandonó en el cruce y tú miras con persistencia hacia atrás. Paso plateado en la sombra de manzanos abatidos. Purpúreo brilla el fruto en las ramas negras y en la hierba cambia de piel la serpiente. Oh, lo oscuro; el sudor, que mana de la frente helada y los sueños tristes del vino, en la taberna de la aldea bajo el pórtico sombrío. Tú, aún lugar silvestre entre rosadas islas encantadas nubladas de tabaco, encuentras en el interior ese salvaje grito de aquel caudal que por los negros almendros del mar incita la tempestad y el hielo.
Tú, un metal verde con rostro de fuego en su interior, que desea huir para cantar los tiempos del terror en la colina de osamentas y la caída ígnea del ángel. Oh, desesperación, que con mudo grito cae de rodillas.

Un muerto te visita. Corre la sangre del corazón vertida por la propia mano y en la negra ceja anida un instante indescriptible; el más oscuro encuentro. Tú -púrpura luna- cuando en la verde sombra del olivo él aparece seguido por una noche inmortal.

Georg Trakl     (Austria, 1887 - 1914)

Versión de Helmut Pfeiffer  "Revelación y Caída" Común Presencia Editores

 

 

Mi delirio sobre el Chimborazo

Yo venía envuelto con un manto del iris, desde donde paga tributo el caudaloso Orinoco al dios de las aguas. Había visitado las encantadoras fuentes amazónicas, y quise subir al atalaya del universo. Busqué las huellas de la Condamine y Humboldt; seguílas audaz, nada me detuvo; llegué a la región glacial; el éter sofocaba mi aliento. Ninguna planta humana había hollado la corona diamantina que puso las manos de la eternidad sobre las sienes excelsas del denominador de los Andes. Yo me dije: este manto del iris que me ha servido de estandarte ha recorrido en mis manos regiones infernales, surcado los ríos y los mares y subido sobre los hombros de los Andes; la tierra se ha allanado a los pies de Colombia, y el tiempo no ha podido detener la marca de la libertad. Belona ha sido humillada por el resplandor del iris, ¿ y no podré yo trepar sobre los cabellos canosos del gigante de la tierra? Sí podré; y arrebatado por la violencia de un espíritu desconocido para mí que me parecía divino, dejé atrás las huellas de Humboldt empañado los cristales eternos que circuyen el Chimborazo. Llegó como impulsado por el genio que me animaba, y desfallezco al tocar con mi cabeza la copa del firmamento; tenía a mis pies los umbrales del abismo.

Un delirio febril embargaba mi mente; me siento como encendido por un fuego extraño y superior, Era el Dios de Colombia que me poseía.

De repente se me presenta el tiempo, bajo el semblante venerable de un viejo cargado con los despojos de las edades; ceñudo, inclinado, calvo, rizada la tez, una hoz en la mano....

"Yo soy el padre de los siglos; soy el arcano de la fama y del secreto; mi madre fue la eternidad; los límites de mi imperio los señala el infinito; no hay sepulcro para mí, porque soy más poderoso que la muerte; miro lo pasado; miro lo futuro, y por mi mano pasa lo presente. ¿Por qué te envaneces niño o viejo, hombre o héroe? ¿Creéis que es algo, vuestro universo? ¿Que levantaros sobre un átomo de la creación es elevaros?
¿Pensáis que los instantes que llamáis siglos pueden servir de medida a mis arcanos? ¿Imagináis que habéis visto la santa verdad? ¿Suponéis locamente que vuestras acciones tienen algún precio a mis ojos? Todo es menos que un punto a la presencia de lo infinito que es mi hermano".

Sobrecogido de un terror sagrado, ¿cómo ¡oh tiempo! respondí, no ha de desvanecerse el mísero mortal que ha subido tan alto? He sobrepasado a todos los hombres en fortuna porque me he elevado sobre la cabeza de todos. Yo domino la tierra con mis plantas; llego al eterno con mis manos; siento las presiones infernales bullir bajo mis pasos; estoy mirando junto a mí rutilantes astros; los soles infinitos; mido sin asombro el espacio que encierra la materia; y en tu rostro leo la historia de lo pasado y los pensamientos del destino. Observa, me digo: aprende, conserva en tu mente lo que has visto, dibuja a los ojos de los semejantes el cuadro del universo físico, del universo moral, no escondas los secretos que el cielo te ha revelado; di la verdad a los hombres....el fantasma desapareció.

Absorto, yerto, por decirlo así, quedé exánime largo tiempo, tendido sobre aquel inmenso diamante que me servía de lecho. En fin, la tremenda voz, la tremenda voz de Colombia me grita, resucito, me incorporo, abro con mis propias manos mis pesados párpados, vuelvo a ser hombre y escribo mi delirio.

Simón Bolívar ( 1783-1830 )

 

 

Pensamientos estrangulados     (Selección)

. ¿El arte de amar? Es saber unir a un temperamento
  de vampiro la discreción de una anémona.
. Nada traduce tanto la vulgaridad como su rechazo a la decepción.

. El Paraíso es el sitio donde se sabía todo, pero donde no se explicaba nada.
  El universo anterior al pecado, anterior al comentario.
. No escribe uno porque tenga algo que decir,
  sino porque tiene uno ganas de decir algo.
. Los filósofos escriben para los profesores; los pensadores para los escritores.
 
. ¿Qué es un contemporáneo? Alguien a quien desearíamos matar sin saber muy bien cómo.

. Primera obligación al levantarse: tener vergüenza de uno mismo.

. Desear la gloria es preferir morir despreciado que olvidado.

. Si la muerte es tan horrible como se pretende, ¿cómo es posible que consideremos
  dichoso, al cabo de un cierto tiempo, a cualquier ser, amigo o enemigo,
  que ha dejado de vivir?

. La obsesión del suicidio es propia de aquel que no puede vivir ni morir,
  y cuya atención no se aparta jamás de esta doble imposibilidad.

. "La verdad permanece escondida para todo aquel que está lleno de odio" (Buda).
 ...Es decir, para todo ser viviente.

. ¡Ay!, si hubiera sido posible nacer antes del hombre...

. Siento que soy libre, pero sé que no lo soy.

. Existir sería una empresa totalmente impracticable si dejáramos de concederle
  importancia a lo que no tiene ninguna.

. No hay negador que no esté sediento de algún catastrófico .

. Lo único que se debería enseñar a los jóvenes, es que no hay nada, digamos casi nada,
  que esperar de la vida. Sería ideal colgar en las escuelas un Cuadro de Decepciones,
  donde figuraran todos los desengaños reservados a cada quien.

. La fuerza de ese Jefe de Estado reside en ser quimérico y cínico. Un soñador sin escrúpulos.
. El apetito de destrucción está tan arraigado en nosotros que nadie logra extirparlo.
  Forma parte de nuestra constitución, pues sin duda el fondo del ser es demoniaco.
. El sensato es un destructor apaciguado, jubilado. Los otros, son destructores en servicio.
. Se puede asegurar que el siglo XXI, considerablemente más avanzado que el nuestro,
  mirará a Hitler y a Stalin como a tiernos infantes.

. La muerte es un estado de perfección, el único al alcance de un mortal.

. Sólo cuentan aquellos instantes en que el deseo de estar consigo mismo es tan poderoso,
  que preferiría uno saltarse los sesos que cruzar una palabra con alguien.

. Se puede despojar al hombre, se le puede quitar todo: encontrará cómo arreglárselas.
  Una sola cosa, sin embargo, no es posible tocar, pues si se le priva de ella  estará perdido
  irremisiblemente: la facultad, mejor dicho, la voluptuosidad de quejarse.
. Los Españoles, en la cumbre de su carrera, debieron sentirse oprimidos, tanto por las exigencias
  de su fe, como por los rigores de la Iglesia. Y se desquitaron con la Conquista.

. El Futuro: una agonía sin desenlace.

. Sólo se le descubre un sabor a los días cuando olvidamos la obligación de tener un destino.

Emile Michel Cioran    (Rumania, 1911 - Paris 1995)

Traducción de Esther Seligson
 

 

Pensándolo bien

Me dicen que debo hacer ejercicios para adelgazar, que alrededor de los 50 son muy peligrosos la grasa y el cigarro, que hay que conservar la figura y dar la batalla al tiempo, a la vejez.
Expertos bien intencionados y médicos amigos me recomiendan dietas y sistemas para prolongar la vida unos años más.
Lo agradezco de todo corazón, pero me río de tan vanas recetas y tan escaso afán.
(La muerte también ríe de todas estas cosas.)
La única recomendación que considero seriamente es la de buscar mujer joven para la cama, porque a estas alturas, la juventud sólo puede llegarnos por contagio.

Jaime Sabines ( México, 1926- 1999 )

 

 

Preguntas inquietantes

Un parto en la calle... ¿es alumbrado público? 

¿Por qué las gaseosas tienen jugo artificial de limón y los detergentes jugo natural de limón? 

¿Por qué apretamos más fuerte los botones del control remoto cuando tiene pocas baterías?   

¿Por qué lavamos las toallas?, ¿no se supone que estamos limpios cuando las usamos? 

¿Cómo puedo saber cuántas vidas le quedan a mi gato?  

 ¿Por qué llamamos 'bebida' a la bebida, incluso antes de beberla?

Si los sandwich de miga son simples, ¿por qué tienen dos capas de pan? ¿Será porque tienen una sola capa de relleno?... entonces... ¿los triples no deberían ser dobles?. O bien, si son triples por tener tres capas de pan, ¿los simples no deberían ser dobles? 

¿Por qué no hay pilas B? 

¿Por qué todos los próceres tienen nombre de calles? 

Si hay un mas allá... ¿hay un menos acá? 

¿Que significa NBA?... ¿Negros Bastante Altos? 
¿Por qué en las películas americanas nadie cierra el coche con llave?  

¿Puedo guardar el ratón de mi computadora en el baúl del coche con el gato de mi auto? 

Si la teoría de la evolución de las especies dice que vamos mejorando con cada nueva generación, por qué Enrique Iglesias y Emanuel Ortega cantan aún peor que sus padres? 

¿Qué cuentan las ovejas para poder dormir?  

¿Por qué las ciruelas negras son rojas cuando están verdes?

Si el congelador de una heladera se encuentra a no más de 10 grados bajo cero, y en la Antártida en un invierno muy frío la temperatura ambiente llega a 50 grados bajo cero. ¿No podrían calentarse las personas entrando a los congeladores?

¿Es cierto que la señora de Santa Claus se llama  Merry Christmas?
 
¿Para que corremos rápido bajo la lluvia, si delante también llueve?

Si cuando comí huevos me pateó el hígado, cuando coma hígado... ¿me pateará los huevos?

¿Dónde está la otra mitad del Medio Oriente?
  
¿De qué tamaño es el ombligo del cuerpo de Bomberos?

A qué árbol pertenece el fruto del trabajo?

¿Cuánto miden las altas horas de la noche?
  
¿No es algo poco tranquilizante que los médicos se refieran a sus trabajos como 'prácticas'?
  
Cuando los fabricantes de carteles y pancartas hacen una huelga y una movilización de protesta ¿hay algo escrito en sus carteles?

¿Por qué no hay comida para gatos 'con sabor ratón'?
 
¿Por qué suelen cerrar los baños en las estaciones de servicio?... ¿tienen miedo a que alguien entre a limpiarlos?
  
Si un policía arresta a un mimo... ¿es necesario que le aclare que tiene derecho a guardar silencio?

¿Por qué utilizan agujas esterilizadas para dar una inyección letal?

Si un hombre está parado en la mitad de un bosque no hay ninguna mujer en kilómetros que pueda escucharlo, él... ¿sigue estando equivocado?

¿Qué hay que hacer si uno ve un animal en peligro de extinción comiendo una planta en peligro de extinción?

¿A dónde van los trabajadores del campo, cuando cansados de su trabajo, deciden alejarse de todo'?

Si una persona con múltiples personalidades decide suicidarse ¿puede considerarse que ha tomado rehenes?

¿Por qué Bill Gates llamó a su sistema operativo 'Windows' ('Ventanas' en inglés), si lo podría haber llamado 'Gates' ('Puertas' en inglés)?

¿Hasta donde se lavan la cara los calvos?
  
Si cuando uno hace algo mucho tiempo lo hace cada vez mejor; ¿por qué los taxistas manejan tan mal?
  
Si los banqueros pueden contar, ¿por qué en los bancos hay ocho ventanillas y solo cuatro cajeros?
  
Si quiero comprar un boomerang nuevo, ¿cómo hago para deshacerme del viejo?

En caso de guerra nuclear, los pulsos electromagnéticos de las bombas termonucleares, ¿podrían dañar mis video-cassettes?
 
Se dice que solo diez personas en todo el mundo entendían a Einstein. Si nadie me entiende a mi, ¿soy un genio?

Cuando un coche esta circulando, ¿el aire dentro de las ruedas está girando?
 
Si nada se pega al teflón... ¿cómo pegan el teflón la sartén?

Si una tostada cae siempre del lado untado y un gato cae siempre sobre sus patas... ¿que pasaría si atamos la tostada
en la espalda del gato?
  
Los negocios que están abiertos las 24 horas... ¿por qué tienen cerraduras en las puertas?
 
Si estás manejando a la velocidad de la luz y prendes las luces... ¿que pasa?

La caja negra de los aviones es indestructible... ¿por qué no harán todo el avión de ese mismo material?

¿Por qué para estar presentable hay que usar zapatos terriblemente incómodos?

¿Por qué los Kamikazes usaban cascos?

¿Por qué algunos interruptores de luz dicen Encendido/Apagado?... Si cuando está la luz encendida ya se sabe y cuando está apagada no se puede leer.

 

 

Proyectos de poemas
1. Una A pintada sobre una bola de billar.

2. Recitar poemas con unas gafas en la boca.
3. Con un sello pegado en los labios meter la cabeza en un saco
     y contar hasta cien.
4. Hacer sombras chinescas con una letra pintada en cada mano.
5. Ponerse un brazalete amarillo y fumar un cigarro; ponerse
     un brazalete rojo y beber un vaso de agua.
6. Dibujar en una pared un paraguas abierto y titularlo Diana;
     dibujar una flecha clavada en una diana y titularla Paraguas.
7. Escribir un poema sirviéndose de mondadientes para formar
     las letras.
8. Arrancar una hoja de un libro de poemas y quemarla,
     concentrando sobre ella los rayos del sol con una lupa.
9. Comenzar la proyección de una película con luz de día de
     modo que durante la proyección transcurra el crepúsculo y se
     haga noche cerrada.
10. Asomados al balcón recortar las letras de un soneto una
       por una.

11. Iniciar en voz alta la lectura de un poema largo sabiendo que
       un compañero, desde otra habitación, va a cortar la corriente
       eléctrica de un momento a otro.

12. Dispasrar un cohete, dibujarse un ojo en el ombligo y destruir
      una jaula.

Joan Brossa      ( Barcelona 1919-1998)

Versión de Andrés Sánchez Robayna

 

 

Reflexiones de Woody Allen

Las ventajas del nudismo saltan a la vista.
Sólo quien ha comido ajo puede darnos una palabra de aliento.
Morir es como dormir, pero sin levantarse a orinar.
La inactividad sexual es peligros, produce cuernos.
Hoy en día la fidelidad sólo se ve en los equipos de sonido.
Hay estudiantes que les apena ir al hipódromo y ver que hasta los caballos logran terminar su carrera.
El negocio más expuesto a la quiebra es el de la cristalería.
El matrimonio es como las libretas de ahorro: de tanto meter y sacar se pierde el interés.
El diabético no puede ir de luna de miel.
Cuando todo sube, lo único que baja es la ropa interior.
Hay que trabajar ocho horas y dormir ocho horas, pero no las mismas.
Los japoneses no miran, sospechan.
El único animal que después de muerto da muchas vueltas es el pollo asado.
Cuando un médico se equivoca le echa tierra al asunto.
La música japonesa es una tortura china.
El eco siempre dice la última palabra.
En los aviones el tiempo pasa volando.
Las polillas mueren entre aplausos.
Mi padre vendió la farmacia porque no había más remedio.
Los japoneses quieren abrirle los ojos al mundo.
Arreglar los problemas económicos es fácil, lo único que se necesita es dinero.
Disfruta el día hasta que un imbécil te lo arruine.
Amaos los unos sobre los otros.
La amistad es como la mayonesa: cuesta un huevo y hay que tratar de que no se corte.
Hazlo bien y no mires con quién.
Es curioso que se le denomine sexo oral a la práctica sexual en la que menos se puede hablar.
Las canas ya no se respetan, se tiñen.
Bígamo: idiota al cuadrado.
El mago hizo un gesto y despareció el hambre, hizo otro gesto y desapareció la injusticia, hizo otro gesto y despareció la guerra.
El político hizo un gesto y desapareció el mago.


 

 

Reflexiones en broma

"Nadie es un completo inútil... por lo menos sirve de mal ejemplo".
"Si no eres parte de la solución eres parte del problema".
"Errar es humano, pero echarle la culpa al otro es más humano todavía".
"Dios mío, dame paciencia... ¡Pero dámela YA!".

"Lo importante no es saber, sino tener el teléfono del que sabe".
"El que sabe, sabe... y el que no sabe es jefe".

"Es bueno dejar el trago, lo malo es no acordarse dónde".
"El dinero no hace la felicidad... ¡la compra hecha!".
"Una mujer me arrastró a la bebida... y nunca tuve la cortesía de darle las gracias".

"Si tu novia perjudica tu estudio, deja el estudio y perjudica a tu novia".
"La inteligencia me persigue, pero yo soy más rápido".
"Huye de las tentaciones... despacio para que puedan alcanzarte".
"La verdad absoluta no existe y esto es absolutamente cierto".
"Hay un mundo mejor, pero es carísimo".

"Ningún tonto se queja de serlo. No les debe ir tan mal".
"Estudiar es desconfiar de la inteligencia del compañero de al lado".
"La mujer que no tiene suerte con los hombres no sabe la suerte que tiene".
"No hay mujer fea, sólo belleza rara".

"La pereza es la madre de todos los vicios, y como a la madre hay que respetarla, pues....".

"En cada madre hay una suegra en potencia."
"Pitágoras inventó los corpiños para que los senos no se escapen por la tangente".

"Lo importante es el dinero, la salud va y viene".
"Trabajar nunca mató a nadie... pero... ¿para qué arriesgarse?".
"No te tomes la vida en serio, al fin y al cabo no saldrás vivo de ella".

"Felices los que nada esperan porque nunca serán defraudados".

"El alcohol mata lentamente... No importa, no tengo apuro".
"La confusión está clarísima".

"Mátate estudiando y serás un cadáver culto".
"Lo triste no es ir al cementerio, sino quedarse".

"Hay dos palabras que te abrirán muchas puertas: 'jale y empuje' ".

Letrero en un parque: "Prohibido pisar el césped, el que no sepa leer que pregunte. Gracias".

"Los jabones sí conocen la verdad desnuda". 

"La bicicleta es un medio de transporte que tiene un solo caballo de fuerza".  

"Dos maneras de lograr la felicidad: hacerse el  bobo... o serlo de verdad".

"Los únicos recuerdos imborrables son las cicatrices".

"El dinero no hace la felicidad...pero la imita muy bien".

"El hombre de buenas costumbres siempre busca a alguien que se las quite".

"Al matrimonio el hombre lleva los padrinos y la mujer los testigos".

"La lombriz dice que el pato y la gallina son animales feroces".

"El animal más veloz del mundo es una gallina en Biafra".

"El chisme ni se crea ni se destruye, sólo se transforma".

"Muchos enamorados roban el primer beso, suplican el segundo, exigen el tercero, aceptan el cuarto y... soportan todos los demás".


 


 

 

Texto de Gabriel García Márquez en el IV Congreso Internacional de la Lengua española  2007

Cartagena de Indias, Colombia.

"Ni en el más delirante de mis sueños en los días en que escribía "Cien Años de Soledad", llegué a imaginar que podría asistir a este acto para sustentar la edición de un millón de ejemplares. Pensar que un millón de personas pudieran leer algo escrito en la soledad de mi cuarto, con 28 letras del alfabeto y dos dedos como todo arsenal, parecería a todas luces una locura. Hoy las academias de la lengua lo hacen con un gesto hacia una novela que ha pasado ante los ojos de cincuenta veces un millón de lectores, y hacia un artesano, insomne como yo, que no sale de su sorpresa por todo lo que le ha sucedido.
Pero no se trata ni puede tratarse de un reconocimiento a un escritor. Este milagro es la demostración irrefutable de que hay una cantidad enorme de personas dispuestas a leer historias en lengua castellana, y por lo tanto un millón de ejemplares de "Cien Años de Soledad" no son un millón de homenajes al escritor que hoy recibe, sonrojado, el primer libro de este tiraje descomunal. Es la demostración de que hay millones de lectores de textos en lengua castellana esperando, hambrientos, de este alimento.
No sé a qué horas sucedió todo. Sólo sé que desde que tenía 17 años y hasta la mañana de hoy, no he hecho cosa distinta que levantarme temprano todos los días, sentarme frente a un teclado, para llenar una página en blanco o una pantalla vacía del computador, con la única misión de escribir una historia aún no contada por nadie, que le haga más feliz la vida a un lector inexistente.
En mi rutina de escribir, nada he cambiado desde entonces. Nunca he visto nada distinto que mis dos dedos índices golpeando, una a una y a un buen ritmo, las 28 letras del alfabeto inmodificado que he tenido ante mis ojos durante estos setenta y pico de años.
Hoy me tocó levantar la cabeza para asistir a este homenaje, que agradezco, y no puedo hacer otra cosa que detenerme a pensar qué es lo que me ha sucedido. Lo que veo es que el lector inexistente de mi página en blanco, es hoy una descomunal muchedumbre, hambrienta de lectura, de textos en lengua castellana.

Los lectores de "Cien Años de Soledad" son hoy una comunidad que si viviera en un mismo pedazo de tierra, sería uno de los veinte países más poblados del mundo. No se trata de una afirmación jactanciosa. Al contrario, quiero apenas mostrar que ahí está una gigantesca cantidad de personas que han demostrado con su hábito de lectura que tienen un alma abierta para ser llenada con mensajes en castellano.
El desafío es para todos los escritores, todos los poetas, narradores y educadores de nuestra lengua, para alimentar esa sed y multiplicar esta muchedumbre, verdadera razón de ser de nuestro oficio y, por supuesto, de nosotros mismos.

A mis 38 años y ya con cuatro libros publicados desde mis 20 años, me senté ante la máquina de escribir y empecé: "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo".
No tenía la menor idea del significado ni el origen de esa frase ni hacia dónde debía conducirme. Lo que hoy sé es que no dejé de escribir ni un solo día durante 18 meses hasta que terminé el libro. Parecerá mentira, pero uno de mis problemas más apremiantes era el papel para la máquina de escribir. Tenía la mala educación de creer que los errores de mecanografía, de lenguaje o de gramática eran en realidad errores de creación y cada vez que los detectaba rompía la hoja y la tiraba al canasto de la basura para empezar de nuevo. Con el ritmo que había adquirido en un año de práctica, calculé que me costaría unos seis meses de mañana diarias para terminar.

Esperanza Araiza, la inolvidable Pera, era una mecanógrafa de poetas y cineastas que había pasado en limpio grandes obras de escritores mexicanos, entre ellos "La región más transparente" de Carlos Fuentes; "Pedro Páramo" de Juan Rulfo, y varios guiones originales de don Luis Buñuel. Cuando le propuse que me sacara en limpio la versión final, la novela era un borrador acribillado de remiendos, primero en tinta negra y después en tinta roja, para evitar confusiones. Pero eso no era nada para una mujer acostumbrada a todo en una jaula de locos. Pocos años después Pera me confesó que, cuando llevaba a su casa la última versión corregida por mí, resbaló al bajarse del autobús con un aguacero diluvial y las cuartillas quedaron flotando en el cenagal de la calle. Las recogió empapadas y casi ilegibles con ayuda de otros pasajeros y las secó en su casa, hoja por hoja, con una plancha de ropa.

Lo que podría ser motivo de otro libro mejor, es cómo sobrevivimos Mercedes y yo, con nuestros dos hijos, durante ese tiempo en que no gané ningún centavo por ninguna parte. Ni siquiera sé cómo hizo Mercedes durante esos meses para que no faltara ni un día la comida en la casa. Habíamos resistido a la tentación de los préstamos con interés hasta que nos amarramos el corazón y emprendimos nuestras primeras incursiones al Monte de Piedad. Después de los alivios efímeros con ciertas cosas menudas, hubo que apelar a las joyas que Mercedes había recibido de sus familiares a través de los años. El experto las examinó con un rigor de cirujano, pasó y revisó con su ojo mágico los diamantes de los aretes, las esmeraldas del collar, los rubíes de las sortijas y al final nos los devolvió con una larga verónica de novillero: "Todo esto es puro vidrio".
En los momentos de dificultades mayores, Mercedes hizo sus cuentas astrales y le dijo a su paciente casero sin el mínimo temblor en la voz: "Podemos pagarle todo junto dentro de seis meses". "Perdone, señora -le contestó el propietario-, ¿se da cuenta de que entonces será una suma enorme? "Me doy cuenta -dijo Mercedes impasible-, pero entonces lo tendremos todo resuelto. "Esté tranquilo". El buen licenciado, que era un alto funcionario del Estado y uno de los hombres más elegantes y pacientes que habíamos conocido, tampoco le tembló la voz para contestar: "Muy bien, señora, con su palabra me basta", y sacó sus cuentas mortales: "La espero el 7 de setiembre (sic)".
Por fin, a principios de agosto de 1966, Mercedes y yo fuimos a la oficina de correos de la ciudad de México para enviar a Buenos Aires la versión terminada de "Cien años de soledad", un paquete de 590 cuartillas escritas a máquina a doble espacio y en papel ordinario y dirigidas a Francisco Porrúa, director literario de la Editorial Sudamericana. El empleado del correo puso el paquete en la balanza, hizo sus cálculos mentales y dijo: "Son 82 pesos". Mercedes contó los boletos y las monedas sueltas que le quedaban en la cartera y se enfrentó a la realidad: Sólo tenemos 53. Abrimos el paquete, lo dividimos en dos partes iguales y mandamos una a Buenos Aires, sin preguntar siquiera cómo íbamos a conseguir el dinero para mandar el resto. Sólo después caímos en la cuenta de que no habíamos mandado la primera sino la última parte. Pero antes de que consiguiéramos el dinero para mandarla, ya Paco Porrúa, nuestro hombre en la Editorial Sudamericana, ansioso de leer la primera mitad del libro, nos anticipó dinero para que pudiéramos enviarlo. Fue así como volvimos a nacer en nuestra vida de hoy.

Muchas gracias.

 

 

Toco tu boca
Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí, para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender, coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca, y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos, el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo de aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

Julio Cortázar ( Argentina, 1914- 1984 )
Texto tomado de "Rayuela"

 

 

Un automóvil de acero inexorable
Al atardecer de un día de verano, con su traje blanco y su maletín negro, el señor Alcón, poderoso financiero de mucho fuste y lustre -y digo esto no sólo porque fuera corpulento y lustroso, sino atendiendo al enorme prestigio profesional que transpiraba su persona: era, digamos, un auténtico tiburón de las finanzas-, volvía muy contento a su gran mansión conduciendo su automóvil, después de dar por concluida una provechosa jornada de suculentas reuniones y voraces firmas. Cuando se disponía a entrar en el jardín, observó junto a la verja de hierro, en la tapia encalada y erizada de vidrios que protegía sus dominios, un graffiti hecho toscamente con spray negro y letras muy grandes que decía:

                                                                                        No aparcar se llama a la grúa
Sentado en la acera, debajo de esa inscripción, un niño con las manos todavía negruzcas, sonriente y pobremente vestido, miraba fijamente al señor Alcón. Lleva unas gastadas sandalias de goma y una camiseta como una telaraña. No tendría los doce años, ni la piel muy blanca ni el pelo muy sedoso ni la nariz respingona ni pecas ni nada de eso que distingue a los niños graciosos en los cuentos graciosos, pero en sus grandes ojos negros bailaba una luz vivísima y en su sonrisa morena una convicción extraña y feliz.
Pegada a la tapia no había ninguna placa reglamentaria, ni municipal ni privada, que garantizara la pertinencia y legalidad de la prohibición de aparcar, y aunque la tapia le pertenecía, el señor Alcón nunca había aparcado allí su coche ni pensaba hacerlo, ya que tenía su propio garaje en la finca. Así que terminó de cruzar la verja, dejó el coche en el garaje y regresó andando a la calle para encararse al niño sentado debajo del aviso. Llevaba en la mano el maletín negro.
-¿Tú has escrito eso, muchacho.
-Sí, señor. Nadie puede aparcar su coche aquí, señor. Si usted lo hace, llamaré a la grúa.
-¿Ah sí. ¿Y quién eres tú para decirme eso. ¿Cómo te llamas?
-Me llamo Ahmed, y vengo del desierto.
-¿Y a qué juegas, pequeño mamarracho. Has ensuciado la tapia de mi jardín. ¿Qué te propones?
-Es un aviso de vado permanente, señor, y está ocupado. ¿Es que no lo ve?
-¿No veo qué.
-Mi automóvil. Está aparcado aquí, junto al bordillo -Ahmed señaló el aire frente a él-.  Aquí mismo. Mire cómo brilla la carrocería. ¿Le gusta?
-Yo no veo aquí ningún automóvil -gruñó el señor Alcón.
-Usted no quiere verlo. Es un Lincoln Continental de 1945 de color azul celeste   -insistió Ahmed-, y está fabricado con planchas de acero inexorable.
-Querrás decir inoxidable, niño ignorante -resopló el financiero.
-¡Quiero decir lo que he dicho! -protestó Ahmed-. Tóquelo y comprobará que es acero inexorable. ¡Acérquese más y fíjese bien, hombre!
El señor Alcón avanzó dos pasos con el maletín en la mano y algo en él empezó a rechinar. El señor Alcón era uno de esos financieros muy bien empaquetados que al andar crujen por algún lado, como hacen las botas ortopédicas, compactas y lustrosas. Se paró, dejó el maletín en el suelo y fijó la mirada en la nada: donde Ahmed decía que había un automóvil aparcado, él no veía absolutamente nada. Bueno, sí, había unas manchas de grasa en el asfalto y el aire allí parecía oler a gasolina quemada. -¡Muchacho, tú sufres alucinaciones! -dijo encarándose con Ahmed-. ¡Tú eres un redomado embustero!  Ahmed no le hizo caso. Con su dedo negro de pintura señalaba el coche invisible.
-Pierde un poco de aceite, mire. Y me han roto un cristal -se lamentó-. Pero es nuevo de trinca.
-¡Deja ya de soltar embustes y fantasmadas! ¡Aquí no hay ningún coche ni nada de nada!
En realidad algo sí había, pero las pequeñas pupilas depredadoras del señor Alcón no iban más allá de la nada aparente. De ir un poco más allá, habrían captado una hilera de hormigas diminutas que se cruzaban compulsivamente con otra hilera igual de compulsiva; avanzaban por entremedio de miles de fisuras de cristales que cubrían el asfalto como un manto de nieve. Por rutas distintas, ambas procesiones de hormigas se dirigían a la mancha de aceite.
-Usted, señor, no sabe mirar -dictaminó Ahmed.
-Bueno, vamos a ver -dijo conciliador el hombre de negocios-. Si me limpias el muro que has ensuciado, te daré una buena propina.
¿Cuánto?
-Un euro con cincuenta céntimos.
-No me basta, señor -dijo Ahmed-. Necesito mucho más, porque tengo siete hermanos al cuidado de mi abuela en un campo de refugiados saharaui, y lo están pasando muy mal. Por eso he decidido vender el automóvil de acero inexorable. ¿Me lo compra?
-¡Muchacho, tú estás loco! ¡Lárgate, o llamaré al guardia municipal!
Furioso, el señor Alcón cogió su maletín negro, dio media vuelta y se internó en el jardín.
Al día siguiente, al dirigirse nuevamente a sus asuntos, vio a Ahmed sentado tranquilamente en el mismo sitio, la espalda apoyada en la tapia con la inscripción, que ahora era más explícita:


Se prohibe aparcar (llamo la grúa)
Se vende este Lincoln continental


A lo largo de la calle desierta, en este barrio tan distinguido de las afueras de la ciudad, nunca se veían coches aparcados, y menos al socaire de los altos muros del jardín, de modo que el orondo hombre de negocios no se extrañó al no ver ni rastro del automóvil azul que Ahmed insistía en señalar con su dedo sucio:
-Buenos días, señor. Aquí lo tiene. Suba y pruebe las marchas. Porque usted me va a comprar el coche, a que sí.
Con su tensa sonrisa barnizada, el señor Alcón miraba a Ahmed con recelo.
-Nunca compro nada sin antes verlo, pesarlo o catarlo.
-Estupendo, hay que ser precavido -dijo Ahmed.
-Yo hago negocios con petróleos lejanos, ¿sabes, y siempre lo pruebo antes de comprarlo.
-Claro, señor. Le dejo tocar mi coche.
-¡Y dale! ¿Cómo quieres que toque algo que no se ve?
-Suba al coche y póngase el cinturón de seguridad. Si hace lo que le digo, lo verá.
-Yo nunca me pongo el cinturón de seguridad -dijo el magnate de petróleos lejanos.
-Allá usted, señor. Entonces, cierre los ojos y no los abra hasta que yo le diga.
Muy a pesar suyo, el señor Alcón se sentía intrigado. Y a regañadientes, cerró los ojos y casi en el acto oyó el ruido de un motor poniéndose en marcha suavemente, como una seda rasgándose.
-¿Lo oye. -dijo Ahmed-. Ahora ya puede mirar.
Pero aunque oía perfectamente el ruido del motor -lo traería el viento desde alguna otra parte, de otro vehículo, pensó el señor Alcón-, el coche al que apuntaba el dedo de Ahmed seguía siendo invisible.
-¡Bah! -exclamó el hombre decepcionado-. ¡Quédate con tu automóvil inexorable, yo tengo mucho trabajo! ¡Y no quiero verte cuando vuelva!
Sin embargo, al regresar aquel mismo día de sus lances financieros con su impoluto traje blanco y su maletín negro, Ahmed le esperaba en el mismo sitio con su fantástico coche impalpable. Nuevamente, el muchacho le explicó que necesitaba urgentemente vender el automóvil para ayudar a sus siete hermanos y a su abuela en el campo de refugiados Saharaui.
-Si me lo compra, lo verá en el acto -insistió Ahmed-. Debe usted creerme, señor.
-No me hagas reír, chico -dijo el señor Alcón, y se metió en su casa sin querer oír nada más del asunto.
Pero esa noche durmió mal, con pesadillas: veía un coche que se estrellaba una y otra vez contra el muro de su jardín. Al día siguiente, por primera vez en cincuenta años, el señor Alcón no fue al trabajo. Ocurrió que, al salir de casa muy temprano, no vio a Ahmed en su sitio de costumbre, y le entró de pronto un desasosiego desconocido. ¿Qué le habría pasado al pequeño embustero. Le esperó todo el día, sentado en el bordillo de la acera con su maletín negro lleno de dinero, y cuando Ahmed apareció era ya de noche. Venía con la cabeza gacha y vendada y el brazo en cabestrillo y se sentó muy triste en la acera.
-Para que vea que el coche existe, me he estrellado con él, mire las señales en la tapia -le explicó-. ¿Me lo compra, sí o no. La reparación ya está hecha, si quiere verlo no tiene más que probar las marchas y encender los faros y la radio.
Con cara de asombro, el señor Alcón hizo un último intento de razonamiento:
-Nadie puede estrellarse con un coche que no existe...
-Eso cree usted, señor dijo Ahmed-. Un niño amigo mío acaba de morir en el sur de Gaza de una bala que aún no ha sido disparada de un fusil que todavía no ha sido fabricado.
-¡Está bien, basta! -dijo el hombre de negocios dándose por vencido.
El tesón y la fe inquebrantable que el chico mostraba acerca de la existencia real del automóvil habían acabado por conmoverle-. Ya vale. Coge mi maletín y vete.
-Gracias, señor. Súbitamente, la luz cegadora de unos faros cayó sobre el señor Alcón y sobre Ahmed sentados bajo la inscripción de la tapia, y el Lincoln Continental de color azul estaba allí frente a ellos, perfectamente visible con sus formas estilizadas y elegantes.
Con el maletín en la mano, sopesando los dineros que habrían de paliar las penalidades de su familia y de sus amigos en el campo de refugiados, Ahmed abrió sus grandes ojos chispeantes y sonrió al incrédulo financiero.
-¿Lo ve ahora, señor.
-Sí -dijo el señor Alcón serenamente-. No sé por cuánto dinero me lo habrías vendido, muchacho, pero te diré una cosa...
-Sé lo que me va a decir, señor, -lo interrumpió Ahmed-, que un automóvil de acero inexorable como este, no tiene precio. Y dando media vuelta, Ahmed desapareció en la noche.

Juan Marsé,  España, 1933


 

 

 

Una violeta de la España negra             

          Se diría un pueblo fantasma, muerto en la calurosa tarde de agosto, pero a lo lejos se oye el tupido rumor de la multitud. Todos han ido a la capea. La plaza mayor es pequeña y bonita, con casas antiguas y rejas y soportales. Apenas puede apreciarse porque la han llenado de gradas. En el centro se levanta un rollo de piedra. A su alrededor hay un pilón. En él abrevaban antiguamente las bestias. Hoy se ha quedado de ornato. El gentío, colorista y vociferante, parece haberse vuelto loco. Por el calor. Por las moscas, insidiosas y feroces. Por el vino. El asunto de las gradas está bien estudiado. Se soportan en tubos de hierro, como los andamios, entre los que permanecen de pie los hombres, intervengan o no. Sobre esa columnata desmontable se acomodan las mujeres, viejas y mozas, los niños y las personas finas de la localidad.

          Han soltado ya el primer novillo. De la plaza se eleva una sólida polvareda que pica en la garganta. El animal mira desvalido al público que anima a los improvisados toreros. Éstos, envalentonados, hacen la rueda. El más audaz le coge del rabo. Todos le ríen la charlotada. El novillo pega un derrote, y los mozos valientes corren despavoridos de forma poco honorable. Uno de ellos, a quien antes ha humillado con un revolcón, se acerca por detrás y le clava la navaja en los ijares. Corre la primera sangre, y las mujeres chillan de entusiasmo y felicidad. Los mozos, enardecidos por hembras tan radicales, empapan sus camisas en el pilón y, defendidos por el pretil, sacuden con ellas el morro del astado.
Los más gallardos se descaran delante de un novillo que hace de don Tancredo. Están desnudos de cintura para arriba, otros llevan camisetas de su equipo de fútbol, todos están sudorosos; muchos, además, borrachos. Algunos se han sentado alrededor del rollo y ven fumando los lances, a salvo de las embestidas, con la expresión abotargada y cerril. Las moscas, golosas, se posan en el borde de sus cubatas.

          Llegados a un punto, el novillo se planta y ni cuchilladas ni botellazos logran moverle. "Ecce taurus." Se persona entonces el matarife, don Pilatos, con la pistola. Le ponen la res debajo de la tribuna y allí, descolgándose con una mano, le mete un tiro en la testuz. La multitud aplaude satisfecha. Aguarda que el Ayuntamiento, que corre con el festejo, les suelte otro novillo. Al otro, en un rincón, lo cuelgan de una cadena con ayuda de una trócola, y el carnicero lo abre en canal. Sube hasta las gradas el pestilente olor de los mondongos, y la sangre, de un rojo heráldico, corre callejuela abajo. Que de allí saldrá esa noche un crimen es cosa segura. O al día siguiente. Una mujer ha advertido que somos forasteros y se arranca hacia nosotros como una fiera. Desconfía y, muy bragada, prohíbe las fotos, "que hacen mucho daño".

          La Guardia Civil, que presencia la escena con desgana, no interviene. "En cada pueblo se le hace daño al animal de una manera; y esta es la nuestra", proclama, arrogante y combativa. Cuando salimos de ese pequeño pueblo, sacudido por enajenación transitoria, pensamos haberlo hecho de "Las capeas". Pero no. Cien años después, la raza sigue igual. En memoria de Eugenio Noel cazo una de aquellas moscas alevosas, que he metido ahora entre las páginas de ese libro tristísimo, y la he puesto a secar allí como una violeta de la España negra.

Andrés Trapiello             España, 1953
Texto ganador del Premio Julio Camba de periodismo en su XXIX edición (2007)
Tomado del periódico "La Vanguardia" de España





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